El almuerzo escolar tiene un costo de RD$93.73 por ración al Estado dominicano, incluyendo el Impuesto sobre Transferencias de Bienes Industrializados y Servicios (ITBIS), según explicaron representantes de suplidores de alimentación escolar. Sin el impuesto, el valor de cada ración asciende a RD$79.43.
Con ese monto, las empresas proveedoras deben financiar la totalidad de sus operaciones: desde las cocinas industriales hasta la entrega en los centros educativos. Para los pequeños suplidores, que conforman la base del programa, el margen real de ganancia se reduce cada vez que el servicio no se presta, ya que los días no operados no se suplen ni se pagan.
Qué cubre cada ración
África Montas, representante de una Asociación de Suplidores del Desayuno Escolar, explicó que la ración incluye arroz, habichuelas, carne, ensalada y fruta, con un menú variado que contempla pollo, huevo, sardinas y cerdo, entre otras proteínas. Señaló que cada empresa tiene una capacidad instalada distinta, así como costos propios vinculados al personal, el espacio físico y la cantidad de raciones que elabora.
El monto adjudicado a cada suplidor se calcula a partir de la matrícula del centro educativo. Si una escuela tiene 500 estudiantes, esa cifra se multiplica por los 200 días que contempla el calendario escolar para determinar el valor total del contrato. No obstante, Montas advirtió que esos 200 días pueden reducirse por paros de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), lluvias, días festivos, diciembre y Semana Santa. «Ese día lo perdemos nosotros», señaló, en referencia a que las jornadas sin servicio no generan pago alguno para el proveedor.
Gastos de operación y controles de calidad
Francisco Vargas, suplidor de Barahona, detalló que de los RD$79.43 por ración (precio sin ITBIS) deben cubrirse gastos de combustible, empleados, insumos, limpieza, transporte, renta, electricidad y agua. Precisó además que no todos los menús tienen el mismo costo, por lo que el gasto de elaboración varía según el tipo de comida que corresponda cada día.
Rinel Coma, otro proveedor del programa, explicó que el servicio exige el procesamiento de los alimentos en cocinas industriales, el uso de envases diseñados para conservar la temperatura y el traslado en vehículos certificados para ese tipo de carga. Una vez los alimentos llegan a los centros educativos, un comité integrado por el director, representantes de la Asociación de Padres y Maestros (APMAE) y otros veedores los revisa antes de entregarlos a los estudiantes. Si la comida no está apta para el consumo, es devuelta al suplidor, quien debe retirarla del plantel y puede recibir una amonestación.
Preocupación por nueva normativa
Los suplidores hicieron estas aclaraciones al defender el programa frente a lo que consideran irregularidades que deben investigarse, aunque sin afectar el servicio que prestan las pequeñas empresas al sistema educativo. En ese contexto, manifestaron preocupación por la entrada en vigor de una nueva normativa de nutrición escolar, que, según temen, podría desplazar a los proveedores de menor tamaño. Reconocieron que algunas escuelas tienen capacidad para producir los alimentos internamente, aunque otras no cuentan con esa infraestructura.
La definición del modelo que sustituiría o complementaría a los suplidores actuales, junto con la forma en que la normativa de nutrición fijará los criterios de adjudicación, será determinante para la continuidad de las pequeñas empresas que hoy sostienen el programa de almuerzo escolar en cientos de centros del país.









