La primera Feria Nacional STEM arrancó este lunes 2 de noviembre en Santo Domingo con un diagnóstico de fondo que pesa más que el protocolo de apertura: 74 de cada 100 empresas dominicanas reclutan perfiles en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, mientras apenas 14 de cada 100 jóvenes quiere formarse en esas áreas. La vicepresidenta Raquel Peña presidió el acto inaugural en el hotel Aloft by Marriott del sector Piantini, con la asistencia de estudiantes, representantes empresariales y conferencistas de varios países.
Esa divergencia de 60 puntos porcentuales entre lo que el mercado laboral exige y lo que el sistema educativo produce tiene consecuencias concretas: los sectores tecnológicos compiten por una masa crítica de graduados que no alcanza a cubrir la demanda actual, lo que presiona los salarios hacia arriba para los pocos perfiles disponibles y deja vacantes sin cubrir en empresas de tecnología, zonas francas de servicios y organismos del Estado que avanzan en digitalización.
El evento y su respaldo político
La feria fue impulsada por el diputado Vicente Sánchez Henríquez (PRM, Distrito Nacional), quien redactó la Ley 89-25 que establece el 8 de noviembre como Día Nacional del STEM. El presidente Luis Abinader promulgó esa legislación el 3 de octubre de 2025, apenas cinco semanas antes del evento, que opera como una antesala oficial a esa conmemoración.
El peso político de la jornada quedó reflejado en la lista de asistentes: el presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco; el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza; y el director de la Oficina Gubernamental de Tecnologías de la Información y Comunicación (OGTIC), Edgar de Jesús Batista Carrasco, entre otras autoridades del Ejecutivo y el Legislativo.
La agenda, desarrollada entre 10:00 a.m. y 1:00 p.m., combinó orientación vocacional con acceso directo a oportunidades concretas: becas para estudiantes de alto rendimiento, pasantías en compañías del sector tecnológico, certificaciones en competencias digitales y paneles con expositores internacionales sobre las habilidades que el mercado laboral está buscando hoy. También se habilitaron espacios de intercambio entre jóvenes, instituciones académicas y empresas de innovación.
«Esta es una gran oportunidad para la juventud y los que ya no somos tan jóvenes», afirmó Peña ante los medios. La vicepresidenta enmarcó el evento dentro de la estrategia nacional de transformación digital y del objetivo de preparar capital humano para las exigencias del nuevo mercado de trabajo.
Las cifras y lo que no dicen
Las estadísticas del 74% vs. 14% fueron presentadas por el legislador Sánchez Henríquez durante la inauguración, pero no estuvieron respaldadas por una fuente estadística identificada ni por un universo muestral explícito, un punto crítico cuando esos números se utilizan para fundamentar legislación o política pública. Con esa salvedad, los datos sí se alinean con lo que organismos regionales como la CEPAL y el BID han documentado: en América Latina, la matrícula en carreras tecnológicas crece a un ritmo muy inferior al de la demanda empresarial en ese segmento.
El problema de fondo no es que falten empleos en tecnología, sino que hay déficit de orientación temprana, una percepción negativa de la dificultad de esas carreras y, en muchos casos, una base débil en matemáticas y ciencias desde la educación básica. Una jornada de tres horas puede abrir puertas a un estudiante y conectarlo con una beca o una pasantía específica, pero reducir una brecha de esa magnitud requiere intervenciones sostenidas en el currículo, en la formación de docentes y en la infraestructura de los centros educativos públicos.
La propia Peña ha relacionado el asunto con la calidad del gasto en educación y con programas de becas dirigidos a áreas STEM, lo que indica que el Gobierno concibe la feria como un componente de una estrategia más amplia, no como una solución en sí misma.
El calendario ofrece un momento natural de rendición de cuentas: el Día Nacional del STEM, el 8 de noviembre, llega apenas seis días después de este primer evento. Tres indicadores serán determinantes para evaluar si la primera edición generó resultados medibles: cuántos estudiantes asistieron y desde qué centros y provincias, cuántas de las becas y pasantías ofrecidas se materializaron (no solo cuántas se prometieron) y cuántos participantes terminaron vinculados laboralmente o matriculados en programas STEM al cierre del año escolar.













