El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) registra 3,973 casos confirmados y 1,801 muertes desde su declaración oficial el 15 de mayo, y el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la epidemia se expande a un ritmo superior a los esfuerzos de control, según declaró durante una visita a Kinshasa, capital del país.
El brote de ébola en RDC es hoy el segundo más grande registrado en la historia —solo superado por la epidemia de África Occidental de 2014-2016, que alcanzó más de 28,000 casos y 11,000 muertes— y ya supera en velocidad de transmisión a todos los anteriores. En algunas zonas críticas, el número de nuevos casos se duplica en períodos cortos, lo que presiona los sistemas de salud de un país donde parte del personal sanitario se encuentra en huelga por falta de pago.
«Todos coincidimos en que debemos aumentar urgentemente y de manera masiva los esfuerzos en todos los pilares de la respuesta y entre todos los socios», afirmó Tedros, en su segunda visita al país desde el inicio de la emergencia. El director instó a fortalecer la coordinación bajo el liderazgo del gobierno, a llegar a todas las localidades afectadas y a proteger a los trabajadores de salud. «No podemos detener el ébola sin su confianza, liderazgo y colaboración», añadió.
La provincia de Ituri, epicentro del brote y ubicada cerca de las fronteras con Sudán del Sur, Uganda y Ruanda, concentra los casos más graves. Allí, la huelga de trabajadores sanitarios —que reclaman mejoras salariales tras comenzar a recibir pagos parciales la semana pasada— ha agravado el acceso a la atención en una zona ya afectada por el conflicto armado y el aislamiento geográfico. Anicet Baluku, residente de Bunia, capital de Ituri, responsabilizó a la huelga de la muerte de sus dos hermanos por ébola. «Urgimos a las autoridades a encontrar una solución rápida para evitar que otras familias sufran la misma tragedia», declaró a The Associated Press.
La tasa de mortalidad del 45% —determinada en parte por la detección tardía de casos, según las autoridades— ilustra la gravedad del brote. El Ministerio de Salud de RDC reportó que, de los 77 casos notificados en las últimas 24 horas, 44 fueron fatales. Actualmente, al menos 717 pacientes permanecen aislados y 749 han logrado recuperarse.
Un factor crítico es el colapso del rastreo de contactos: entre el 60% y el 70% de los nuevos casos no corresponden a personas que estaban siendo monitoreadas tras haber estado expuestas a pacientes infectados, alertó Jean Kaseya, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, durante una visita a Bunia. Kaseya señaló que su organismo coordina esfuerzos en torno a la detección temprana, el rastreo más eficaz, el acceso a atención de calidad y una mayor participación comunitaria.
El agente causante de este brote es el virus Bundibugyo, una cepa del ébola que no cuenta con tratamiento ni vacuna aprobados, lo que reduce las opciones terapéuticas disponibles. Las autoridades estiman que el brote se originó en una zona remota antes de su declaración oficial. Médicos Sin Fronteras advirtió que la epidemia continúa «propagándose a un ritmo alarmante y sin precedentes» y que, aunque la respuesta se está ampliando, todavía no alcanza a las comunidades con suficiente rapidez para interrumpir las cadenas de transmisión.
En respuesta a la emergencia, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció una asignación adicional de US$242 millones para la respuesta inmediata, medidas de preparación y asistencia humanitaria asociadas, elevando el total de la asistencia directa estadounidense a más de US$512 millones. La próxima semana, la evolución del rastreo de contactos y la resolución de la huelga del personal sanitario en Ituri serán los indicadores clave para determinar si los esfuerzos logran frenar la aceleración del brote.









