BioNTech reportó ganancias en el tercer trimestre de 184.5 millones de euros, revertiendo la pérdida de 28.7 millones de euros del mismo período del año anterior, aunque en los primeros nueve meses de 2026 la farmacéutica alemana acumula un déficit de 1,170 millones de euros, según informó la propia compañía el martes 3 de noviembre.
La cifra acumulada de los nueve meses supera con holgura las pérdidas del mismo lapso de 2025, cuando el rojo ascendió a 831.1 millones de euros. El deterioro refleja el colapso del negocio de vacunas contra el COVID-19, que fue el motor de los ingresos millonarios de BioNTech durante la pandemia, y la carga de las inversiones en nuevas terapias oncológicas que aún no generan ingresos significativos.
Ingresos trimestrales y revisión de previsiones
Los ingresos del tercer trimestre alcanzaron 1,290 millones de euros, por debajo de los 1,520 millones de euros del mismo período de 2025. La diferencia se explica, en parte, porque el año pasado BioNTech recibió pagos extraordinarios del grupo farmacéutico estadounidense Bristol Myers Squibb (BMS), con quien tiene un acuerdo de desarrollo y comercialización mundial del candidato a fármaco Pumitamig, una alianza por la que BMS desembolsó una suma considerable a favor de la firma alemana.
Pese al retroceso en ingresos, el director financiero, Ramón Zapata, señaló en un comunicado que la evolución del negocio en el trimestre permite mejorar la guía de ingresos para 2026. BioNTech eleva ahora la previsión hacia el extremo superior del rango anterior y estima ingresos anuales de entre 1,700 y 1,900 millones de euros, frente a la horquilla previa de 1,600 a 1,900 millones, según informó la compañía.
Cierres de centros y recorte de empleos
La caída sostenida de los ingresos por vacunas contra el COVID-19 ha obligado a BioNTech a un ajuste estructural. La empresa anunció el cierre de tres instalaciones: el centro de Tubinga cerrará a finales de 2027; el de Marburgo, a principios de 2028; y el de Idar-Oberstein, a finales de 2028. En total, la medida afectará a aproximadamente 1,800 empleados.
Los gastos en investigación y desarrollo, especialmente en el área de oncología, figuran como la principal presión sobre los resultados. BioNTech ha apostado por terapias contra el cáncer como el eje de su crecimiento a largo plazo, una transición costosa que aún no se refleja en sus cuentas de resultados.
La salida de los fundadores y la nueva empresa Arife
A la presión financiera se suma una transición de liderazgo de alto impacto. Los cofundadores Ugur Sahin y Özlem Türeci, las figuras que pusieron a BioNTech en el mapa global durante la pandemia, abandonarán la empresa a más tardar antes de que concluya 2026 para sumarse a una nueva compañía denominada Arife, también con sede en Maguncia, que se dedicará a la investigación, el desarrollo, la fabricación y la comercialización de productos farmacéuticos.
Según trascendió hace algunos meses, existe un plan para transferir derechos y tecnologías de ARNm (ácido ribonucleico mensajero, la plataforma que hace posible las vacunas de nueva generación) de BioNTech a Arife. A cambio, BioNTech recibiría una participación minoritaria en la nueva firma y el pago de regalías. Sin embargo, la compañía aclaró que las negociaciones siguen en curso y que la firma de un acuerdo vinculante es opcional para ambas partes; es decir, nada está cerrado. Los inversores y el mercado tendrán puesta la mirada en si esa transferencia tecnológica acaba materializándose antes de que Sahin y Türeci formalicen su salida, un desenlace que definirá en buena medida el valor estratégico de BioNTech en la era post-COVID.













