La economía alemana crecerá 1.3% en 2026, según las proyecciones de los principales institutos de investigación económica del país, en una recuperación que los expertos advierten no debe leerse como una señal de solidez estructural. Para 2027, la previsión es de 1.1%, cifra significativamente superior a la proyectada en primavera, pero que cae a apenas 0.4% en 2028.
El rebote está sostenido, en buena medida, por el gasto público. El Gobierno alemán ha movilizado miles de millones de euros en infraestructura, defensa y redes digitales, lo que ha generado pedidos para empresas y ha sostenido el empleo. Sin embargo, los economistas advierten que ese estímulo se financia mediante deuda, y que el déficit público pasará de 4.1% del PIB este año a 4.7% en 2028, con pagos de intereses que absorberán una porción cada vez mayor del presupuesto.
Demanda externa y nuevos sectores, motores del alza
Alemania se ha beneficiado de un aumento en la demanda internacional de productos químicos, derivados del petróleo y gas natural, en parte porque el cierre del estrecho de Ormuz ha dejado fuera a competidores que no pueden abastecer esos mercados. Las empresas alemanas también atienden una demanda creciente para la construcción de centros de datos de inteligencia artificial (IA), equipos de suministro de energía y servicios de información y comunicación.
Al mismo tiempo, la economía atraviesa una transformación productiva que genera fricciones. Cada mes se pierden aproximadamente 15,000 puestos de trabajo, sobre todo en la industria automotriz, la ingeniería mecánica y la metalúrgica. En paralelo, en los últimos dos años se han fundado numerosas empresas en el ámbito de la digitalización y la IA. Timo Wollmershäuser, del Instituto Ifo de Múnich, señala, sin embargo, que «estas ideas que desarrollamos aquí generan valor añadido en otros lugares», lo que limita el impacto local del dinamismo innovador.
Problemas estructurales que frenan el horizonte
Stefan Kooths, del Instituto Kiel para la Economía Mundial (IfW), identifica cuatro frenos de largo plazo: los altos precios de la energía, la escasez de mano de obra cualificada, el envejecimiento de la población y la baja actividad inversora privada de años recientes. «Simplemente, necesitamos más confianza», afirmó Oliver Holtemöller, del Instituto Leibniz de Investigación Económica, durante la presentación en Berlín del informe conjunto titulado «Auge económico con problemas estructurales: dilemas de política fiscal». Kooths coincide en que los inversores se muestran reticentes «porque no saben qué esperar, ni cuáles son las condiciones generales en Alemania».
El declive de la mano de obra es el desafío más urgente. Con la jubilación de la generación del «baby boom», la economía está perdiendo millones de empleados. Holtemöller defiende la apertura a la inmigración de trabajadores cualificados y advierte que, si no se produce, el envejecimiento de la población elevará aún más las cotizaciones a la seguridad social. Los economistas también abogan por eliminar la jubilación anticipada sin deducciones tras 45 años de cotización, como parte de una reforma del sistema de pensiones.
El factor AfD y el debate sobre la transición energética
Los éxitos electorales del partido populista de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) agregan una variable adicional. Holtemöller cita estudios que muestran que «donde las fuerzas populistas gobiernan, el desarrollo económico es más débil que en otras regiones», e indica que el ascenso del partido puede disuadir a trabajadores cualificados extranjeros de instalarse en el país.
En materia energética, Holtemöller criticó la falta de claridad sobre las condiciones en las que Alemania prevé reducir gradualmente los combustibles fósiles en el marco de su Ley de Protección Climática. Además, cuestionó la reducción temporal del impuesto sobre los combustibles prevista a partir del 1 de octubre, señalando que el Estado no puede costear esa medida y que, además, «impide la reducción de la demanda, que es precisamente lo que se necesita dada la escasez de suministro energético». Helena Melnikov, directora general de la Cámara de Industria y Comercio de Alemania, resumió la posición del sector empresarial: la recuperación sostenible «solo se puede lograr con un plan de reforma decidido: reducir costes, simplificar trámites burocráticos, agilizar procesos y modernizar la infraestructura». Los analistas vigilarán si el Gobierno puede traducir el gasto en reformas que corrijan los desequilibrios antes de que el estímulo fiscal pierda tracción a partir de 2028.









