China puso en vigor la semana del 15 de septiembre de 2026 nuevas normas que autorizan a las autoridades a impedir que ingenieros, fundadores y otros especialistas abandonen el país si sus conocimientos en baterías, tierras raras o inteligencia artificial (IA) se consideran una amenaza para la «seguridad industrial y tecnológica» del Estado. La medida representa el esfuerzo más ambicioso de Pekín para contener la fuga de cerebros y capitales en un momento en que la segunda economía del mundo enfrenta presiones internas crecientes.
La magnitud del problema que Pekín busca frenar es considerable. Bloomberg Intelligence estima que cerca de un billón de dólares de riqueza china salieron del país el año pasado, la mayor cantidad registrada desde que comenzaron a recopilarse esos datos en 2006. Esa salida masiva de recursos golpea directamente la capacidad del Estado chino para financiar su ambición tecnológica y mantiene al gobierno en una posición defensiva respecto al capital privado y al talento especializado.
Bloqueos a empresas y ejecutivos
Un caso emblemático de la nueva política es Manus, una empresa emergente de inteligencia artificial fundada por dos ciudadanos chinos que trasladó su sede a Singapur para eludir restricciones de inversión de Estados Unidos. Cuando Meta, propietaria de Facebook, intentó adquirir Manus en diciembre pasado por 2,000 millones de dólares, Pekín bloqueó la operación e impidió a los dos fundadores abandonar el territorio chino.
En mayo pasado, Bloomberg informó además que las autoridades chinas exigen ahora a los principales investigadores en inteligencia artificial, fundadores y directivos de empresas como Alibaba y DeepSeek obtener una autorización previa antes de viajar al exterior. La misma agencia reportó en enero del año pasado que ingenieros tecnológicos que ayudan a empresas extranjeras a diversificar su manufactura hacia Vietnam y la India enfrentan presiones similares. Este mes, las redes sociales chinas se inundaron de rumores, no confirmados por Huawei ni por las autoridades, sobre una posible salida del país del fundador Ren Zhengfei y de su hija, la directora financiera Meng Wanzhou.
Control del capital: cuota oficial y vías no oficiales
Pekín no ha modificado su cuota anual de 50,000 dólares en divisas que los hogares pueden sacar legalmente del país. Lo que sí ha restringido son las vías no oficiales que los ciudadanos adinerados utilizaban para sortear ese límite, según Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis. «Ahora, están ejerciendo presión sobre las personas y los agentes a través de los cuales suele circular ese dinero», explicó García-Herrero a DW.
Se ha desarrollado un sector entero, dentro y fuera de China, dedicado a facilitar esas salidas: agencias de emigración que tramitan visados y reubicaciones, intermediarios y fideicomisos extraterritoriales que ayudan a depositar patrimonio en el exterior, y empresas que usan filiales extranjeras, cotizaciones bursátiles o traslados de personal para mover tanto dinero como conocimientos técnicos.
Riesgos de efecto rebote
Los analistas consultados por DW advierten que las restricciones podrían tener el efecto contrario al buscado. Henry Gao, profesor de Derecho en la Universidad de Gestión de Singapur (SMU), señala que cuanto más difícil resulte mover capital o personas al extranjero, mayor será el incentivo para buscar alternativas. «Con el tiempo, eso podría erosionar aún más la confianza, acelerar la fuga de capitales y agravar los mismos problemas económicos que estas medidas pretenden contener», apuntó Gao. García-Herrero, por su parte, considera que el bloqueo al talento tendrá más repercusión que las restricciones al capital.
Para los ciudadanos extranjeros, las nuevas normas también generan complicaciones: bufetes internacionales como DLA Piper aconsejan a sus clientes corporativos presentar solicitudes de visado «veraces» y «completas» al entrar en China, con la advertencia de que una discrepancia entre la documentación y la actividad real podría acarrear una prohibición de entrada de hasta cinco años.
El trasfondo económico ayuda a entender la urgencia de Pekín. Si bien las exportaciones chinas, especialmente de alta tecnología, mantienen una demanda sólida, el colapso del mercado inmobiliario ha debilitado gravemente el consumo interno: los préstamos bancarios cayeron a mínimos históricos durante el verano y las ventas de autos nuevos registraron un descenso interanual de casi una cuarta parte en agosto. Gao sintetiza el diagnóstico: estas medidas «ofrecen una visión poco habitual del verdadero estado de la economía china» y sugieren que Pekín está «profundamente preocupado por la debilidad económica y las importantes salidas de capital». La efectividad real de las restricciones, y si lograrán retener talento o solo incentivará rutas de salida más sofisticadas, será la clave a seguir en los próximos meses.









