La exvicepresidenta de la República, Margarita Cedeño, planteó este jueves 15 de octubre la pregunta de si la sociedad dominicana está formando líderes para los desafíos actuales o si, en cambio, continúa preparando dirigentes para administrar realidades que ya dejaron de existir.
La reflexión, publicada en su cuenta de la red social X, parte de un diagnóstico concreto: muchas de las respuestas tradicionales resultan insuficientes ante los retos que enfrenta el país, lo que exige nuevas formas de pensar, actuar y relacionarse. «Llegar a donde se decide no basta. Hay que transformar la manera en que se decide», escribió Cedeño.
Problemas técnicos versus desafíos adaptativos
Para articular su argumento, Cedeño recurrió al marco teórico del especialista en liderazgo Ronald Heifetz, quien distingue entre dos tipos de problemas. Los técnicos pueden resolverse con conocimiento, experiencia y procedimientos ya conocidos. Los adaptativos, en cambio, exigen cambios en las creencias, los comportamientos y las formas de relacionarse, y no se superan mediante instrucciones o decretos.
«Casi todo lo que hoy nos pesa como país pertenece al segundo grupo», sostuvo la exfuncionaria, al argumentar que los principales retos nacionales no admiten soluciones de manual.
Desde esa base, Cedeño defendió una visión del liderazgo que incorpore la empatía, la escucha activa y la construcción de consensos, y aclaró que esas cualidades no deben confundirse con debilidad o falta de convicciones. «La empatía no es debilidad. Escuchar no es dejar de decidir. Construir consensos no es carecer de convicciones», afirmó, al plantear que son atributos que debe cultivar cualquier persona que aspire a dirigir.
Expectativas desiguales y barreras institucionales
Cedeño también abordó la dimensión de género en el ejercicio del poder. Desde su experiencia como mujer en posiciones de liderazgo, señaló que a las mujeres se les exige mostrar fortaleza sin perder sensibilidad, ejercer autoridad sin parecer autoritarias y obtener resultados sin incomodar, bajo estándares que, según indicó, rara vez se aplican a los hombres con la misma intensidad.
En ese marco, planteó la necesidad de avanzar en cambios estructurales: instituciones que eliminen barreras, partidos políticos que ofrezcan oportunidades reales de participación, y sistemas de cuidados que permitan conciliar responsabilidades familiares y profesionales. Subrayó, además, que los entornos deben permitir a las nuevas generaciones desarrollarse sin tener que demostrar de forma constante que merecen ocupar determinados espacios.
La exvicepresidenta concluyó su reflexión con una definición propia de liderazgo efectivo: «El verdadero liderazgo no se mide por el poder que alcanzamos. Se mide por lo que transformamos cuando ya no lo tenemos.» El texto completo fue publicado simultáneamente en el Listín Diario.









