La asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú marca un punto de inflexión político en uno de los países que ha atravesado una prolongada crisis institucional en los últimos años. La dirigente derechista juró este martes el cargo en una ceremonia en el Congreso, para gobernar durante el período 2026-2031, según lo divulgado por la fuente.
«Juro (…) que ejerceré fielmente el cargo de presidenta de la república que me ha confiado la nación para el período 2026-2031», declaró Fujimori durante el acto oficial.
La nueva mandataria es hija del exmandatario Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000. Con esa herencia política, Keiko Fujimori construyó una campaña centrada en un discurso de mano dura contra la delincuencia, un tema que ha dominado la agenda pública peruana.
El principal reto que enfrenta el nuevo gobierno, según la fuente, es contener el auge del crimen organizado, un fenómeno que ha ganado peso en la percepción ciudadana y en las prioridades de política pública del país.
A ese desafío se suma una grave inestabilidad política, un factor que en años recientes ha condicionado la gobernabilidad peruana y que constituye un elemento de riesgo para la continuidad de cualquier programa económico y de seguridad.









