La reconfiguración del orden económico mundial está devolviendo protagonismo a América Latina en el mapa global, impulsada por su abundancia de recursos estratégicos, capacidad agrícola y cercanía geográfica con Estados Unidos. Así lo analizan Alejo Czerwonko, CIO de Mercados Emergentes Americas en UBS GWM, y Alberto Rojas, Estratega Senior de Mercados Emergentes en la misma firma, quienes advierten que el nuevo orden global abre una ventana de oportunidad que la región no había tenido en años, pero que exige ejecución, no solo narrativa.
La reorientación de las cadenas de suministro globales, la búsqueda de seguridad energética y alimentaria, y la transición hacia tecnologías limpias pusieron en primer plano activos que América Latina tiene en abundancia. Para economías como la dominicana, integradas al sistema financiero internacional y dependientes de las condiciones de crédito global, la dinámica afecta directamente el apetito inversor hacia la región y las condiciones de financiamiento externo.
Recursos estratégicos y posición geopolítica
Chile, Perú y Argentina concentran reservas clave de cobre, litio y oro, materiales esenciales para la electrificación y la industria tecnológica. Brasil destaca por su potencial en tierras raras y por una producción agrícola que lo posiciona como proveedor crítico de seguridad alimentaria global. México y Centroamérica, por su parte, se han consolidado en las cadenas manufactureras de Norteamérica, aprovechando la tendencia de nearshoring —la relocalización de producción hacia países cercanos al mercado estadounidense.
En conjunto, estos activos ubican a América Latina en el corazón de cuatro transformaciones que definirán la economía de los próximos años: transición energética, digitalización, seguridad alimentaria y reconfiguración industrial, según el análisis de los estrategas de UBS.
La dimensión geopolítica refuerza ese reposicionamiento. Washington ha vuelto a mirar con atención a su vecindario: le interesan cadenas de suministro más resilientes, menor dependencia de regiones políticamente complejas, control de flujos migratorios y acceso a recursos estratégicos. Esa atención puede traducirse en inversión y acuerdos comerciales, siempre que los países de la región definan con claridad sus prioridades y ventajas comparativas, señalan Czerwonko y Rojas.
Fundamentos macro más sólidos, pero riesgos persistentes
El entorno macroeconómico de la región también ofrece una base más favorable que en décadas anteriores. Varios países cuentan hoy con bancos centrales sólidos, regímenes cambiarios flexibles y mayor disciplina fiscal, condiciones que reducen la volatilidad que históricamente alejó a los inversionistas de largo plazo. Los desequilibrios que marcaron los ciclos anteriores han perdido fuerza en buena parte del continente.
Sin embargo, los analistas de UBS advierten que la oportunidad tiene límites estructurales que no deben ignorarse: el crimen organizado, la desigualdad, la informalidad laboral, la incertidumbre jurídica y los rezagos de infraestructura siguen siendo obstáculos reales para la atracción de capital productivo. La historia de la región ya demostró que tener recursos abre puertas, pero el desarrollo se construye con productividad, innovación y empleo formal.
El ciclo favorable de materias primas puede crear el momentum inicial, pero la diferencia la harán las capacidades productivas que se construyan en este contexto: políticas públicas consistentes, mayor colaboración con el sector privado y una visión de largo plazo. Para la República Dominicana, que compite por inversión extranjera directa en manufactura, servicios y turismo, el reposicionamiento regional representa tanto una oportunidad de visibilidad como una presión competitiva mayor.
América Latina y el nuevo orden global plantean, en definitiva, una disyuntiva concreta: pasar de la narrativa del potencial —repetida durante décadas— a la ejecución real. Eso implica ofrecer certidumbre jurídica, invertir en infraestructura, fortalecer instituciones, desarrollar talento y construir cadenas de valor más sofisticadas. Los estrategas de UBS lo sintetizan en una advertencia precisa: la región tiene muy buenas cartas que ofrecer, pero la diferencia entre una oportunidad aprovechada y otra promesa incumplida dependerá de lo que los gobiernos y el sector privado hagan con ellas en los próximos años.







