Durante años, el debate sobre las rentas cortas en República Dominicana se ha planteado como una confrontación entre el derecho de propiedad y la regulación. Sin embargo, esa visión simplifica un problema mucho más profundo. La verdadera pregunta no es si las rentas cortas deben regularse, sino cuánto tiempo más puede el país permitir que una actividad que mueve millones de dólares opere sin un marco normativo claro.
Regular no significa prohibir. Significa proteger una industria que representa uno de los principales motores de la economía dominicana y garantizar que su crecimiento no termine afectando la convivencia, la seguridad y la reputación internacional del país.
Un mercado que creció más rápido que las reglas
República Dominicana recibió más de 11.6 millones de visitantes en 2025, consolidándose como el principal destino turístico del Caribe. Ese éxito también impulsó el crecimiento del turismo inmobiliario y la compra de miles de apartamentos destinados exclusivamente a plataformas de alquiler de corta duración en destinos como Punta Cana, Cap Cana, Bayahíbe, Juan Dolio, Las Terrenas y Santo Domingo.
Las rentas cortas llegaron para quedarse y representan una excelente oportunidad de inversión para miles de propietarios. Pero precisamente porque hoy forman parte de una actividad económica de gran impacto, necesitan reglas claras que generen confianza para todos.
Los países más competitivos no son los que tienen menos regulación, sino los que cuentan con normas modernas que brindan seguridad jurídica y estabilidad a los inversionistas.
La marca país también necesita protección
La marca República Dominicana no se construyó por casualidad.
Detrás de ella existen décadas de inversiones públicas y privadas, promoción internacional, infraestructura turística, aeropuertos, puertos, hoteles y desarrollos inmobiliarios que han convertido al país en un referente del Caribe.
Sin embargo, la marca país no depende únicamente de campañas publicitarias. Se construye con la experiencia que vive cada turista.
Cuando un visitante tiene una mala experiencia durante su estadía, difícilmente responsabiliza a un apartamento o a un anfitrión específico. Lo que recuerda y comparte es que tuvo una mala experiencia en República Dominicana.
Por eso, regular las rentas cortas es proteger la marca país y el futuro del turismo dominicano. No se trata de limitar un modelo de negocio, sino de preservar la reputación de una industria que genera miles de empleos y atrae miles de millones de dólares en inversión.
¿Quién protege a los vecinos?
Hay una parte del debate que durante mucho tiempo ha permanecido en silencio.
Miles de familias compraron un apartamento para vivir, formar un hogar o disfrutar de una comunidad tranquila. No adquirieron una propiedad esperando que cada fin de semana el apartamento de al lado recibiera grupos distintos de huéspedes, muchos de ellos completamente desconocidos para la administración y los residentes.
No todas las rentas cortas generan conflictos, y sería irresponsable afirmarlo. Sin embargo, también es una realidad que cada vez más condominios enfrentan problemas relacionados con el constante flujo de personas, el uso intensivo de las áreas comunes, el ruido, las fiestas fuera de horario y el incumplimiento de las normas internas.
A esto se suma una preocupación creciente: la seguridad.
Cuando diariamente ingresan personas diferentes a un residencial, se vuelve más complejo para las administraciones mantener un control efectivo sobre quién entra y quién sale. Los residentes muchas veces desconocen quiénes ocupan los apartamentos vecinos, mientras que los sistemas de acceso y vigilancia, diseñados para comunidades residenciales, deben adaptarse a una dinámica mucho más parecida a la de un hotel.
La seguridad no puede depender únicamente de la buena voluntad de cada propietario.
Regular las rentas cortas permitiría establecer protocolos mínimos para la identificación de huéspedes, responsabilidades claras para los anfitriones, mejores controles de acceso y mecanismos que protejan tanto a los visitantes como a quienes viven permanentemente en esos proyectos.
Porque el derecho de un propietario a obtener rentabilidad de su inversión no puede ejercerse ignorando el derecho de cientos de familias a vivir con tranquilidad y seguridad.
Competencia sí, pero en igualdad de condiciones
La industria hotelera dominicana ha sido uno de los pilares del crecimiento económico del país.
Ha invertido miles de millones de dólares, genera empleos formales, paga impuestos, cumple normas sanitarias, aplica protocolos de seguridad y participa activamente en la promoción internacional del destino.
Mientras tanto, parte del mercado de las rentas cortas compite por el mismo visitante sin asumir necesariamente obligaciones similares.
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No se trata de obligar a que ambos modelos sean idénticos, sino de reconocer que cuando dos sectores participan en un mismo mercado deben existir condiciones que favorezcan una competencia más equilibrada.
Fortalecer la hotelería no significa atacar las rentas cortas. Significa fortalecer todo el ecosistema turístico dominicano.
Regular genera confianza
Existe la falsa idea de que regular espanta la inversión.
La experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario.
Los inversionistas prefieren mercados donde las reglas son claras, estables y aplicables para todos. La incertidumbre siempre resulta más costosa que una regulación inteligente.
Una normativa moderna puede beneficiar simultáneamente a propietarios, desarrolladores inmobiliarios, plataformas digitales, hoteles, turistas y residentes.
No se trata de frenar el crecimiento.
Se trata de hacerlo sostenible.
La decisión ya no admite más retrasos
Las rentas cortas seguirán creciendo porque forman parte de la evolución del turismo mundial.
La verdadera discusión ya no es si deben regularse, sino cómo hacerlo de manera equilibrada, sin afectar el derecho de propiedad, pero garantizando también la seguridad de las comunidades, la calidad de la experiencia turística y la competitividad del país.
República Dominicana ha construido una industria turística admirada en toda la región. Sería un error poner en riesgo ese liderazgo por no establecer reglas claras para un mercado que hoy tiene un enorme impacto económico y social.
Regular las rentas cortas no es estar en contra de la inversión privada.
Es proteger la marca país.
Es proteger la convivencia en los condominios.
Es proteger la seguridad de los residentes.
Y es asegurar que el turismo dominicano continúe siendo uno de los principales motores del desarrollo económico nacional.
Por Joan G. Feliz
Director Comercial de Constructora Incaribe, especialista en turismo inmobiliario, inversión y desarrollo del sector construcción.









