Las sanciones de EE.UU. a Irán escalaron esta semana con un paquete que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, describió como un «Día D económico» contra Teherán, aunque el diseño inicial de las medidas evita afectar a los principales bancos chinos, en un cálculo político que apunta a la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping prevista para el 24 de septiembre.
China es el principal socio comercial de Irán y representa, según los analistas citados por DW, un salvavidas para el régimen iraní: Pekín compra hasta el 90% de las exportaciones iraníes de petróleo, además de proveer servicios bancarios, tecnología y bienes de doble uso —aquellos que pueden tener fines tanto civiles como militares—. Interrumpir esa cadena sin gestionar la relación con China implicaría un riesgo diplomático de primera magnitud para Washington.
El alcance real del paquete de sanciones
El paquete inicial apunta a 60 entidades, personas y embarcaciones, tanto en China continental como en Hong Kong, vinculadas al ecosistema que sostiene la adquisición ilícita de tecnología nuclear y de misiles, operaciones cibernéticas y redes de comercialización de petróleo iraní. Los grandes bancos chinos quedan, por ahora, fuera del alcance directo.
Al ser consultado sobre si los bancos chinos podrían quedar incluidos en futuras rondas, Bessent advirtió que «nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses». En mayo de 2026, el mismo funcionario había señalado que las compras chinas de petróleo iraní equivalían a «financiar al mayor patrocinador estatal del terrorismo». En ese mes, el Ministerio de Comercio de China instruyó a las empresas nacionales y a las refinerías de mayor escala a ignorar las restricciones estadounidenses dirigidas a las denominadas «refinerías tetera» —instalaciones independientes que cambian la marca del crudo o usan intermediarios para eludir controles—.
El equilibrio estratégico de Pekín
El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, defendió que la cooperación entre China e Irán «siempre se ha llevado a cabo dentro del marco del derecho internacional» y rechazó lo que Pekín calificó de «sanciones unilaterales ilegales». La posición oficial de China combina el rechazo retórico a las medidas de Washington con una relación con Irán que los analistas describen como esencialmente transaccional.
William Yang, analista sénior para el noreste de Asia en el International Crisis Group, señaló a DW que Irán «sigue siendo un socio útil e importante para China, pero no es insustituible». Yang precisó que Pekín tampoco pretende desplazar a Estados Unidos en la seguridad regional: «En cierto modo, China se beneficia de la continua participación de Washington en la seguridad y la defensa regionales». Al mismo tiempo, Pekín cuida sus vínculos comerciales con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, lo que la obliga a mantener un equilibrio para no enemistarse con los rivales regionales de Irán.
Gu Xuewu, politólogo y director del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Bonn, ofrece una lectura más estratégica: «Pekín no cederá a la presión estadounidense para romper los lazos económicos y comerciales con Irán», y sostiene que a China le basta con «provocar a Estados Unidos para que cometa errores en Oriente Medio y permitirle que siga cometiéndolos sin intervenir». Gu atribuye este cálculo, en parte, a los reveses militares de Washington durante el conflicto con Irán, que a su juicio han alterado el panorama estratégico regional.
La cumbre Trump-Xi como factor de contención
La cita del 24 de septiembre actúa, según Yang, como un freno mutuo: ni Washington ni Pekín tomarán medidas que hagan peligrar el encuentro. «China mantendrá su nivel básico de compromiso con Irán» y defenderá sus intereses económicos si se activan sanciones secundarias contra empresas chinas, pero tampoco «abandonará los planes para la cumbre, que han sido negociados con gran esfuerzo», apuntó.
El conflicto en curso en Oriente Medio y el nuevo paquete de las sanciones de EE.UU. a Irán figurarán previsiblemente en la agenda de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), prevista para el 31 de agosto y 1 de septiembre en Kirguistán, donde participará el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. Lo que quedará por ver es si la reunión Trump-Xi convierte las tensiones en un acuerdo acotado o si, como advierte Gu, China y Estados Unidos llegan al encuentro «en rumbo de colisión por el tema de Irán, incluso mientras mantienen conversaciones amistosas».








