El ministro canadiense de Finanzas, François-Philippe Champagne, propuso el lunes 21 de septiembre que el Reino Unido se integre a la alianza económica con la UE que Bruselas está construyendo con Canadá, en declaraciones difundidas por la televisión pública británica tras una reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea celebrada el fin de semana en Dublín.
La propuesta llega días después de que la Comisión Europea planteara la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer «miembro asociado» del bloque comunitario, una figura de integración sin precedentes cuyos términos aún no se han formalizado. Para Londres, la invitación abre un debate sobre su posición estratégica en el orden económico global, cinco años después de consumado el Brexit.
Una alianza de «potencias medias» frente a la presión de Washington
Champagne justificó la propuesta con un argumento directo sobre el nuevo contexto geopolítico. «El mundo ha cambiado. Estados Unidos ha cambiado. Así que nosotros tenemos que cambiar», dijo el ministro a la cadena pública británica. «Somos independientes y soberanos, pero somos más fuertes juntos», añadió, repitiendo palabras atribuidas al primer ministro Mark Carney.
El trasfondo de la iniciativa es la ruptura económica con Washington. Durante casi cuatro décadas, Canadá orientó su modelo económico hacia una integración estrecha con Estados Unidos. El presidente Donald Trump convirtió esa dependencia en palanca de presión: impuso aranceles, cuestionó la soberanía canadiense y buscó atraer producción industrial hacia el sur de la frontera.
Carney y la reorientación estratégica de Ottawa
El primer ministro canadiense, Mark Carney, optó por no esperar un cambio de administración en Washington. En lugar de retomar negociaciones o aguardar que se restableciera la relación previa, puso en marcha con urgencia una reconfiguración de los vínculos comerciales y diplomáticos del país. En su discurso ante el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2026, Carney advirtió que «las potencias medias deben actuar unidas» y que «si no estás en la mesa, estás en el menú».
Champagne participó el sábado 20 de septiembre en la reunión informal de ministros comunitarios en Dublín, donde Irlanda ejerce la presidencia rotatoria de la UE. Allí, el ministro aseguró que Canadá será un «socio fiable» dispuesto a incorporar la «voz transatlántica» a los debates europeos y avanzar en una «visión compartida» entre ambos bloques.
Los detalles de cómo se instrumentaría la figura de «miembro asociado» para Canadá, y si el Reino Unido podría acogerse a un esquema similar, aún no han sido revelados por Bruselas. Los próximos movimientos de la Comisión Europea y la respuesta formal de Londres definirán si la propuesta de Champagne deriva en negociaciones concretas o queda como señal política.









