La renta corta tipo Airbnb ha reducido en 15% la cuota de mercado global de la hotelería convencional a nivel regional, según admiten fuentes cercanas a cadenas reconocidas como Marriott International y Hilton Worldwide, con proyecciones —no reconocidas por esas firmas— de que las pérdidas anualizadas escalen a miles de millones de dólares. Pese a ello, ambas compañías mantienen buen desempeño en República Dominicana, con categorías de huéspedes que difícilmente renuncian al confort al que están acostumbrados. En cambio, al viajero ordinario le importa sobre todo que el gasto salga barato.
El Ministerio de Turismo ha informado que, aunque en el Gran Santo Domingo opera una gran cantidad de propiedades de renta corta, Punta Cana-Bávaro encabeza este renglón en el país con más de 10,000 alojamientos para vacacionistas, la mayoría construidos directamente para el negocio de acoger excursionistas. Ese polo continúa en proceso de ofrecer cada vez más habitaciones económicas. Le siguen en importancia Samaná —con el paradisíaco enclave de Las Terrenas—, Puerto Plata y La Romana.
En la ciudad primada de América prospera de forma indetenible el turismo urbano, que impulsa un alza pronunciada en el precio de los inmuebles en un céntrico y colonial espacio citadino al borde de la saturación, atrapado en apenas 1.19 km² que no puede crecer geográficamente. Allí se agota la capacidad de recibir huéspedes de toda índole: turistas, nómadas digitales y visitantes atraídos por la libertad sexual.
Se calcula que en un 26% la inversión en los llamados airbnb y en hoteles medianos y pequeños con perfiles acordes al valor histórico y cultural del casco santodominguense cumple un cometido de hospitalidad funcional y utilitaria. Sin embargo, su ventaja relativa frente al desarrollo hotelero de alta categoría que prospera en otra zona céntrica de la ciudad está en peligro por la saturación del tránsito y el atraso en dotar la zona de facilidades de estacionamiento.
El “incentivo” fiscal. El avance de estos hospedajes al margen de la hotelería convencional es estimulado por una omisión de los mecanismos recaudadores, en parte por la falta de diferenciación legal de las rentas cortas. Según apreciaciones de la Asociación de Hoteles Turísticos del Caribe (CHTA), estas obtienen enormes beneficios sin reportar al fisco unos RD$10,000 millones anuales, equivalentes a US$170 millones.
El Ministerio de Turismo anunció recientemente que se propone regular las estancias cortas y crear un registro nacional obligatorio de propietarios y plataformas digitales, con el fin principal de establecer requisitos de seguridad y protección al consumidor. Un registro que profundice en los movimientos de caja de los airbnb daría a los organismos recaudadores el derecho a gravar sus utilidades, lo que ya alarma a sus dueños, que se sienten amenazados de desaparecer del mercado si los someten a cargas excesivas. Alegan que miles de familias dependen de esta modalidad de alojamiento cerca de los sitios de interés turístico.
En México, las rentas cortas que han invadido puntos turísticos y culturales como Morelia y Puebla están denunciadas como generadoras de pérdidas importantes de ocupación en hoteles y moteles durante temporadas regulares. El empresariado hotelero de esas zonas se queja de una “asimetría competitiva desleal”, pues los establecimientos convencionales enfrentan altos costos operativos y fiscales que sus nuevos competidores evaden.
El contraataque. La respuesta del empresariado hotelero internacional es diversa: ha creado sus propias plataformas para operar en los mismos espacios de sus rivales de menor cuantía, ofertando opciones vacacionales al estilo de las rentas cortas pero con calidad Premium. Ya están disponibles de forma incipiente casas individuales y villas que garantizan los mismos estándares de limpieza y servicios de los establecimientos convencionales, además de incentivos como acumulación de puntos. También ejercen presiones políticas para que los gobiernos impongan normativas estrictas a las rentas cortas que han prosperado sin carga impositiva.
Impacta Europa. El mercado de los alojamientos a corto plazo en el viejo continente supera los 30,000 millones de euros al año, con una masificación que genera profundo malestar y anticipa lo que podría ocurrir en el nuevo mundo si los airbnb avanzan eludiendo regulaciones. El flujo masivo de turistas hacia departamentos residenciales ha disparado los precios del alquiler tradicional en ciudades del sur de Europa. En Barcelona existe una campaña permanente que reclama que las multitudes de excursionistas se queden en sus lugares de procedencia.
El crecimiento sin control de hospedajes informales ha obligado a las autoridades de la Unión Europea a intervenir con controles para que plataformas como Airbnb y Booking remitan a las autoridades locales datos sobre sus operaciones. Holanda pretende fijar un tope a las ofertas de habitaciones al margen de los hoteles y España avanza hacia medidas radicales para eliminar por completo las licencias de “pisos turísticos”.









