La Casa Blanca impuso aranceles del 50% a una nueva serie de productos canadienses, desde colchones hasta botes a motor, efectivos a partir del 15 de septiembre, en una escalada directa de la guerra comercial entre ambos países tras la ruptura de negociaciones el pasado 21 de agosto. Los aranceles del 50% de EE.UU. a Canadá se combinan con una prohibición de importación de bebidas alcohólicas y otros bienes que entrará en vigor el 29 de septiembre, según órdenes ejecutivas emitidas simultáneamente por la Casa Blanca la noche del martes 8 de septiembre.
La medida eleva la tensión en un conflicto que golpea a dos economías profundamente integradas: cerca del 60% de las importaciones canadienses proviene de Estados Unidos y alrededor del 70% de sus exportaciones se dirigen a ese mercado. Para las empresas dominicanas y latinoamericanas que operan con cadenas de suministro en América del Norte, el encarecimiento de insumos industriales, materiales y bienes manufacturados derivados de este intercambio representa un riesgo de costos creciente.
Represalia por partida doble
El detonante inmediato fue la entrada en vigor, ese mismo martes, de los aranceles canadienses de represalia sobre importaciones estadounidenses por valor de US$20,000 millones (CA$27,600 millones). Esas tarifas, de entre 15%, 25% y 50%, cubren acero, productos lácteos, artículos electrónicos y pulpa de papel, y responden, según Ottawa, con exactitud al monto de productos canadienses ya afectados por recargos estadounidenses del 50% desde el 22 de agosto.
El primer ministro Mark Carney defendió las medidas como «necesarias para proteger a nuestros trabajadores y nuestras empresas», en un video publicado en YouTube. Al mismo tiempo, reconoció los costos de la confrontación: «Ese cambio de rumbo tendrá un costo. Siempre hay un costo cuando se actúa. Pero no se acerca al costo de quedarse inmóviles», señaló.
Las acusaciones de Carney y las amenazas de Trump
Carney acusó a Washington de haber querido imponer a Canadá un «mal acuerdo» con «condiciones injustas» y de pretender convertir al país en una «filial» y «destruir» su industria, en particular la automotriz. También denunció que el proyecto de acuerdo cuestionaba el lugar de los medios francófonos en línea y la obligación del etiquetado bilingüe en productos comercializados en Canadá. La Casa Blanca negó que ese punto fuera una «línea roja» para Washington.
Por su parte, el presidente Donald Trump amenazó el lunes con bloquear las ventas del fabricante aeronáutico Bombardier, antes de que entraran en vigor los aranceles canadienses. La amenaza preocupa a dos senadores republicanos de Kansas, donde la empresa emplea a más de 1,000 personas. «Voy a luchar para mantener en Kansas los más de 1,200 puestos de trabajo de Bombardier. Ya he llevado esa preocupación al Despacho Oval», publicó en X el senador Roger Marshall. Trump también amenazó a la industria automotriz canadiense con elevar los aranceles del 25% al 50% a partir del 1 de enero, lo que agravaría aún más el impacto sobre un sector clave para Canadá.
Apoyo gubernamental y conversaciones en curso
A pesar de la ruptura formal de las negociaciones, un portavoz del negociador canadiense Dominic LeBlanc reconoció que «los responsables canadienses y estadounidenses siguen manteniendo conversaciones», aunque aclaró que «no se han retomado negociaciones comerciales oficiales». Trump también amenazó el martes con bloquear el acceso de empresas canadienses a un programa de compras públicas valuado en hasta US$50,000 millones anuales.
Para amortiguar el golpe sobre los sectores afectados, el gobierno de Carney desbloqueó CA$7,500 millones (equivalentes a aproximadamente US$5,400 millones) en apoyo a las empresas. El conflicto, que se remonta a las tarifas impuestas por Washington a finales de agosto, ha alcanzado una dimensión política y simbólica inusual: los repetidos llamados de Trump a incorporar a Canadá como el estado número 51 de EE.UU. han generado respuestas como los grandes letreros que el primer ministro de Columbia Británica, David Eby, anunció para instalar en la frontera con la leyenda «Canadá NUNCA será el estado 51».
El próximo indicador a seguir será si las conversaciones informales entre funcionarios de ambos países derivan en un reinicio de negociaciones formales antes del 15 de septiembre, fecha en que entran en vigor los nuevos aranceles del 50% de EE.UU. a Canadá sobre colchones, botes a motor y otros bienes, y si la amenaza arancelaria sobre el sector automotriz se concreta en enero.









