El Niño encarecería alimentos en México con mayor intensidad hacia el tercer trimestre de 2027, cuando el impulso inflacionario alcanzaría su punto máximo, de acuerdo con un análisis de S&P Global. La trayectoria del fenómeno actual se asemeja a las primeras etapas de los episodios de 1997-98 y 2015-16 y, de cumplirse las previsiones, podría colocarse entre los cuatro más intensos de los que se tiene registro, junto con los de 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
El retraso con el que el choque climático se trasladaría a los precios al consumidor es mayor en México que en economías como Colombia, Chile o Perú. S&P estima que el impacto total sobre la inflación mexicana se materializaría después del décimo mes del episodio, lo que desplaza la presión más fuerte hacia 2027 y le da a empresas y autoridades una ventana temporal —aunque no garantizada— para anticipar ajustes.
Cultivos vulnerables en el centro y sur del país
El riesgo es particularmente relevante por el efecto sobre la producción agropecuaria. Aunque la agricultura representa entre 3% y 4% del PIB mexicano, el impacto sería desigual por región: algunos estados del norte podrían registrar ligeramente más lluvias, mientras que el centro y sur del país enfrentarían condiciones más secas.
En esas regiones se concentra buena parte de la producción de café, caña de azúcar, maíz y aguacate, cultivos que S&P Global Market Intelligence identifica entre los más expuestos a una menor disponibilidad de agua. El análisis señala además que varios estados agrícolas importantes carecen de infraestructura suficiente de almacenamiento de agua para compensar plenamente su dependencia de las precipitaciones estacionales.
Un análisis complementario de S&P Global Ratings amplía la lista de cadenas vulnerables e incluye frijol, sorgo, arroz y alimento para ganado, debido al estrés hídrico y al riesgo de menores rendimientos en los cultivos.
El golpe más fuerte vendría de la ganadería en 2027
La primera presión sobre los precios llegaría por la menor oferta de alimentos provocada por la sequía en el centro y sur del país. Sin embargo, durante 2027 cobraría mayor relevancia el encarecimiento de productos derivados de la ganadería: la escasez de agua en los meses de verano elevaría los costos de producción pecuaria y el traslado de esos costos hacia los precios al consumidor tardaría entre seis y 12 meses.
Bajo este escenario, S&P Global sitúa el pico del impulso inflacionario en el tercer trimestre de 2027. La experiencia de episodios anteriores muestra que en México algunos de los movimientos de precios más pronunciados se han concentrado en frutas y verduras, aunque S&P Global Ratings aclara que esos episodios no se han traducido sistemáticamente en una aceleración generalizada y persistente de toda la inflación alimentaria.
La clave en los próximos meses será el comportamiento de las precipitaciones en las regiones agrícolas del centro y sur, la evolución de la infraestructura hídrica y la respuesta de la política monetaria mexicana ante una eventual escalada de precios en alimentos básicos.








