Una percepción a nivel popular sobre el alto costo de la vida contrasta con los diagnósticos que describen a República Dominicana en situación de estabilidad económica y solidez democrática, según recientes estadísticas de organismos especializados locales y multilaterales. Aunque persiste una paradoja entre prosperidad macroeconómica y deudas estructurales, las entidades destacan la resiliencia y el dinamismo de la economía nacional.
La economía dominicana avanza hacia una fuerte recuperación con proyecciones de crecimiento en torno al 4.2% y 4.7%. A pesar de la baja capacidad recaudatoria del país, los consumidores de bajo poder adquisitivo mantuvieron en alza los ingresos al tesoro nacional en cerca de un 10% en el semestre pasado, un comportamiento distinto al de los grandes contribuyentes.
La distancia entre las estadísticas positivas y la percepción ciudadana se explica en que las personas evalúan su realidad con el termómetro del bolsillo, que podría estar afectado por carencias aunque la macroeconomía muestre un curso favorable que no llega en términos personales.
La ciudadanía también matiza sus valoraciones. Según un sondeo aplicado por ACD Media, el presidente Luis Abinader mantiene una calificación prácticamente intacta de 50% a su favor, mientras en mayor proporción la población expresa dudas sobre la gestión al considerar que en los últimos años la nación ha ido por un curso negativo, y el gabinete sale mal parado en el mismo estudio.
Desde la óptica de analistas independientes y sindicales existe una desconexión real entre el crecimiento del Producto Interno Bruto y el poder adquisitivo promedio, que no cubre el costo de la canasta familiar de subsistencia. Esta se sitúa en el nivel de los RD$49.26, frente a salarios predominantes calculados por el Banco Central en RD$38.62, lo que arroja un déficit mensual para alimentos de más de RD$10,000.
La Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) advierte que la reducción de la pobreza en el país no llega a lo estructural a falta de una profunda transformación productiva. Por su parte, la FAO señala que, aunque el hambre por falta de calorías ha descendido, cerca del 23% de la población —una quinta parte— no cuenta con recursos suficientes para costear una dieta de alta calidad nutricional.
Entre las luces reales, la inversión extranjera directa reciente se midió en US$5,000 millones, mientras el turismo, la minería de oro y plata y la construcción privada operan como los motores principales del PIB. Las agencias Moody’s y Standard & Poor’s han mejorado las calificaciones soberanas de República Dominicana, en contraste con analistas locales que consideran el crecimiento de la deuda fiscalmente insostenible.
Organismos como Cepal y el PNUD consideran que el Estado dominicano ha logrado una reducción histórica de la pobreza. Las cifras indican que la pobreza monetaria cayó de 25.8% en 2019 a 17.3% al cierre del año pasado, mientras la pobreza extrema se redujo en un 2.2%, consolidando una tendencia hacia la erradicación de la indigencia generalizada. La FAO certifica que la clase media dominicana creció del 37.6% en 2019 al 48.6%.
En el punto medio, las relaciones del poder con sectores representativos indican cierto grado de aceptación del curso económico. El gremio médico logró un aumento salarial reciente de un 25%, que llega de forma escalonada, además de nivelaciones en las pensiones. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) mantiene posturas radicales, pero ahora participa en mesas técnicas para fortalecer la educación pública, mientras el empresariado expresa un respaldo institucional colaborativo a las políticas del Gobierno.









