La deuda de las distribuidoras eléctricas dominicanas alcanzó US$179.0 millones a julio de 2026, según el Informe de Desempeño de las Empresas Eléctricas Estatales publicado por el Ministerio de Energía y Minas. Esa cifra refleja las obligaciones pendientes que las Empresas Distribuidoras de Electricidad (EDE) mantienen con los generadores privados por concepto de compra de energía y potencia.
El déficit de pago a los generadores privados amenaza la estabilidad de contratos de suministro que sostienen el sistema eléctrico nacional. Cuando las distribuidoras no cubren sus compromisos a tiempo, los generadores enfrentan restricciones de liquidez que pueden trasladarse en cortes o renegociaciones de contratos, con efectos directos sobre la continuidad del servicio para empresas y hogares.
Pérdidas que consumen casi la mitad de la energía comprada
Entre enero y julio de 2026, las pérdidas totales de distribución ascendieron al 44.1% de la energía adquirida. Eso significa que, de cada cien unidades de electricidad que las EDE compran a los generadores, menos de 56 se convierten en ingresos efectivos: una parte no se factura y otra se factura pero no se cobra.
El Índice de Recuperación de Efectivo (CRI), que mide cuánto dinero recupera el sistema en relación con la energía despachada, se ubicó en 56.5% acumulado a julio de 2026. En términos prácticos, las distribuidoras recaudan poco más de la mitad del valor de la electricidad que ponen en la red, lo que limita su capacidad para pagar a los generadores y financiar sus propias operaciones.
Transferencias públicas: más de US$1,290 millones en ocho meses
Para compensar la brecha entre costos e ingresos, el Gobierno central ha destinado recursos crecientes al sector. A agosto de 2026, las transferencias a las EDE sumaron US$1,290.6 millones, según el mismo reporte del Ministerio de Energía y Minas. Esa inyección de fondos públicos cubre la diferencia entre lo que las distribuidoras gastan en comprar electricidad y lo que logran recaudar de sus clientes.
La combinación de pérdidas elevadas, baja recuperación de cartera y dependencia de subsidios estatales configura un ciclo financiero que se perpetúa: la deuda con los generadores privados funciona como una válvula de escape temporal que pospone obligaciones mientras las transferencias del Estado cubren el grueso del déficit operativo.
Los próximos informes mensuales del Ministerio de Energía y Minas serán el indicador clave para evaluar si las pérdidas de distribución ceden y si el CRI se acerca a los niveles que harían sostenible el sistema sin una dependencia tan elevada del presupuesto público.







