El crecimiento de América Latina se desacelerará a 2.2% en 2026, según la más reciente proyección de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con una recuperación parcial hasta el 2.5% recién en 2027. De confirmarse, la región habrá acumulado cinco años consecutivos de expansión promedio por encima del 2% pero sin superar el 3%, un ritmo insuficiente para cerrar brechas de desarrollo y consolidar la clase media.
La magnitud del estancamiento relativo se vuelve más clara al observar los extremos: mientras Guyana crece 16%, Argentina reporta algo más del 3%, México avanza 1.3%, Bolivia apenas roza el 0.5% y Cuba se contrae más del 10%. Esta dispersión no es un detalle estadístico menor —es la variable central que cualquier empresa con operaciones regionales debe incorporar en su planificación, porque las decisiones de un solo gobierno pueden poner en jaque la continuidad de un negocio concentrado en un único mercado.
Una IED que apenas se mueve
La inversión extranjera directa (IED) en la región subió solo 1.7% en 2025, en un entorno que la propia CEPAL califica de «creciente incertidumbre y rivalidad geopolítica». El dato contrasta con las expectativas que durante años alimentaron el relato del boom latinoamericano: nearshoring, adopción digital acelerada, reservas de litio y tierras raras, y una posición de liderazgo en producción de alimentos.
El problema, según el análisis publicado por Alto Nivel, es que ese relato —atractivo y parcialmente real— coexiste con una realidad operativa más compleja: América Latina no es un solo mercado, sino entre 15 y 20 economías que se mueven a velocidades y con reglas distintas, que cambian de gobierno en gobierno. Esperar que ese entorno «se ordene» antes de diseñar una estrategia equivale a perder la década entera.
Las estrategias que propone el análisis
Frente a este panorama, el análisis identifica tres pilares que las empresas deberían priorizar.
Diversificación geográfica. La dispersión de resultados entre países representa, paradójicamente, una herramienta de cobertura: lo que se frena en un mercado tiende a acelerarse en otro. Distribuir ingresos, monedas de exposición y cadenas de proveedores dentro de la región es, según el análisis, «la forma más barata de administrar riesgo disponible». Los casos concretos son variados: la reforma estructural en Argentina, el ajuste de utilidades en Brasil, la transición energética en Chile y Perú, el nearshoring en México y Costa Rica, y el auge de recursos en Guyana ofrecen oportunidades en distintos momentos del ciclo.
Financiamiento como cimiento, no como consecuencia. En mercados con inflación, brechas cambiarias y tasas variables, las coberturas cambiarias y el acceso a financiamiento en dólares o moneda dura dejaron de ser un asunto exclusivo del director financiero (CFO) para convertirse en una decisión estratégica de primer nivel. El análisis advierte que «quedarse sin espalda financiera en medio del proceso es la manera más común de morir con la razón», y sugiere que antes de evaluar nuevos mercados, las empresas deben calcular cuántos meses de operación pueden sostener si el entorno macroeconómico se deteriora en cualquiera de los países donde operan.
Tecnología y talento. La adopción de inteligencia artificial (IA) y herramientas digitales permite operar con estructuras más ligeras y tomar decisiones con datos en tiempo real. El análisis señala que el nearshoring no se limita a exportar manufactura: también abre la posibilidad de exportar talento y servicios, con capital humano competitivo frente a otras regiones. Sin embargo, advierte que la tecnología es una palanca, no un destino: digitalizar procesos sin tener clara la pregunta de negocio que se quiere responder no genera ventaja competitiva.
Qué observar en los próximos trimestres
La CEPAL situó el crecimiento de América Latina en el centro de la agenda de riesgo empresarial regional al vincular la proyección de 2.2% para 2026 con la rivalidad geopolítica global —un factor exógeno que ninguna estrategia interna puede neutralizar, pero sí anticipar. Los unicornios latinoamericanos más relevantes, recuerda el análisis, no se construyeron a pesar de la volatilidad, sino sobre ella.
El siguiente indicador a seguir es si la recuperación proyectada para 2027 —al 2.5%— se materializa o si nuevos shocks externos la vuelven a corregir a la baja, lo que presionaría aún más los márgenes de las empresas con alta exposición a un único mercado de la región.









