Donald Trump acusó este martes 22 de septiembre a México de ser el «epicentro» del narcotráfico y exigió al gobierno de Claudia Sheinbaum «recuperar el control» de su territorio, durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
«México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Lamentablemente, es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de 2,000 millas (unos 3,220 kilómetros) con un territorio controlado por cárteles enemigos. Por lo tanto, México debe recuperar el control de su territorio de manos de los enemigos de la humanidad», declaró el mandatario ante el foro multilateral.
Una relación que Trump describe como sólida, pese a la tensión
Pese al tono de la acusación, Trump moduló su mensaje con un giro conciliador. Aseguró estar convencido de que «la seguridad y la protección llegarán a México» y se dijo orgulloso de sostener «una muy buena relación» con la administración mexicana. «Hemos logrado grandes avances, avances muy importantes, con México. Ellos tampoco quieren a los cárteles», señaló.
La tensión entre ambos gobiernos no es nueva. Trump denuncia de forma recurrente que los cárteles controlan franjas del territorio mexicano y ha presionado a México para que permita operaciones estadounidenses antinarcóticos dentro de sus fronteras, una propuesta que Sheinbaum ha rechazado por considerar que vulneraría la soberanía nacional.
Presión creciente desde Washington
La presión de Washington sobre México se intensificó en las semanas previas al discurso. El gobierno de Trump reconoció recientemente los esfuerzos de la administración de Sheinbaum para combatir el narcotráfico, pero sostuvo que México debe hacer más para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
Sheinbaum, por su parte, ha defendido la estrategia mexicana y cuestionado las acciones de Washington contra los cárteles, el lavado de dinero y el consumo de drogas dentro del propio territorio estadounidense.
El discurso de Trump ante la ONU refuerza una postura que, si se traduce en nuevas sanciones comerciales o presiones arancelarias, podría afectar el flujo de inversión y comercio en la región, incluyendo las exportaciones dominicanas hacia Estados Unidos y la dinámica de las negociaciones comerciales en el marco del DR-CAFTA. Lo que ocurra en las próximas semanas en la relación bilateral entre Washington y Ciudad de México marcará el tono de la diplomacia económica norteamericana durante el otoño.










