Las rutas comerciales están cambiando y eso abre oportunidades para América Latina, según Eric Parrado, director general regional de IDB Invest, quien advirtió que la región puede aprovechar su posición geográfica para atraer inversiones y generar empleo, siempre que acompañe esa ventaja con decisiones concretas de infraestructura y desarrollo productivo.
Parrado lo afirmó durante su participación en Expoparks Dominicana 2026, celebrado en el Santo Domingo Marriott Hotel Piantini. Su planteamiento central fue que la geografía, por sí sola, no define el papel de un país en el comercio internacional: «La geografía no es destino y se rediseña con decisiones», señaló al explicar cómo los países pueden modificar su posición dentro de las cadenas globales de valor, es decir, los procesos de producción distribuidos entre varios países que terminan en un producto final.
Vulnerabilidad de las cadenas globales
El economista ilustró su argumento con los canales de Suez y Panamá, infraestructuras que transformaron las rutas del comercio mundial al reducir distancias y tiempos entre mercados clave. Pero también destacó que eventos recientes han expuesto la fragilidad de esos corredores estratégicos.
Entre los casos mencionó el bloqueo del Canal de Suez provocado por el buque Ever Given, las restricciones al Canal de Panamá derivadas de la sequía y las alteraciones en las rutas del mar Rojo, que obligaron a embarcaciones a desviar sus recorridos e incrementaron los tiempos de transporte.
Parrado sostuvo que estos episodios están cambiando la forma en que las empresas evalúan sus cadenas de suministro. «La confiabilidad, los tiempos de tránsito, la disponibilidad de alternativas y la capacidad de responder ante nuevas interrupciones adquieren una importancia creciente», expresó. En ese contexto, la decisión sobre dónde producir o por dónde transportar mercancías ya no puede depender únicamente del costo más bajo de la ruta.
El papel de zonas francas y parques industriales
Para el director de IDB Invest, América Latina tiene la posibilidad de ir más allá de servir como punto de tránsito. El objetivo, según planteó, es desarrollar un ecosistema compuesto por puertos, carreteras, corredores logísticos, zonas francas, parques industriales, plataformas tecnológicas y servicios especializados alrededor de las rutas comerciales.
«Los puertos dejan de ser considerados únicamente como lugares de entrada y salida de mercancías y pasan a formar parte de sistemas más amplios que incluyen infraestructura terrestre, zonas industriales, servicios logísticos y tecnología», dijo Parrado. La meta, precisó, es que las mercancías no solo atraviesen los países de la región, sino que generen actividades productivas, inversiones y empleos en torno a esos movimientos.
Parrado también vinculó esta transformación con el crecimiento de las zonas francas y los parques industriales, que pueden funcionar como espacios para atraer empresas orientadas a mercados internacionales. Aseguró que la región puede beneficiarse de la tendencia global hacia cadenas de suministro más diversificadas y resilientes, un proceso que se ha acelerado tras las interrupciones de los últimos años.
Para República Dominicana, cuyas zonas francas representan uno de los pilares de su sector exportador y su atracción de inversión extranjera directa, el análisis de Parrado plantea una pregunta concreta: qué tan preparada está la infraestructura logística del país para capturar ese flujo de inversión que las empresas buscan redirigir. La próxima edición de indicadores de inversión extranjera directa y el desempeño del sector de zonas francas serán señales clave para evaluar si esa oportunidad se está materializando.









