El Banco de México mantuvo su tasa de interés de referencia en 6.5% por segunda reunión consecutiva, consolidando una pausa en su ciclo de recortes luego de que la inflación se moderara a 3.10% en julio, su nivel más reciente reportado.
La decisión confirma que Banxico —como se conoce popularmente al banco central mexicano— no tiene prisa por abaratar el crédito mientras los riesgos inflacionarios no se disipen del todo. Para República Dominicana y América Latina, la postura de la segunda economía más grande de la región incide en las expectativas de tasas y flujos de capital en los mercados emergentes, donde una política monetaria más restrictiva en México puede atraer capitales y presionar los diferenciales de rendimiento frente a otros países.
La pausa tras el último recorte
La tasa actual de 6.5% rige desde el 8 de mayo pasado, cuando Banxico la redujo en 25 puntos base (un punto base equivale a una centésima de punto porcentual). El 26 de junio la institución ya había optado por no moverse, y ahora repite la misma decisión, lo que acumula dos reuniones sin cambios desde ese último ajuste.
Ese recorte de mayo se produjo en un entorno de desaceleración de la inflación, pero el banco central ha optado por evaluar con cautela el comportamiento de los precios antes de dar un siguiente paso. La inflación de 3.10% en julio se ubica cerca de la meta del propio Banxico, que es de 3% con un margen de un punto porcentual hacia arriba o hacia abajo.
Economía rebota, pero los riesgos externos persisten
El PIB de México registró un repunte en el segundo trimestre del año, después de haber contraído en el primero, lo que ofrece cierto alivio a las perspectivas de crecimiento de la segunda economía más grande de América Latina, solo detrás de Brasil.
No obstante, Banxico advirtió en su comunicado que la inflación podría repuntar hacia adelante por tres factores: los cambios en la política comercial global, los conflictos geopolíticos y una posible depreciación del peso mexicano. El banco también señaló que las decisiones de política económica de Estados Unidos y la posible prolongación de los conflictos geopolíticos «continúan añadiendo incertidumbre a las previsiones», según el texto oficial.
Ese señalamiento al vecino del norte es particularmente relevante: México y Estados Unidos están profundamente integrados a través del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), y cualquier cambio en aranceles o en la política comercial estadounidense impacta directamente la actividad exportadora mexicana, el tipo de cambio y, por esa vía, los precios al consumidor.
Los mercados seguirán de cerca las próximas reuniones de Banxico para determinar si la pausa se extiende o si la institución retoma los recortes, en función de cómo evolucionen la inflación, el peso y las señales que emita la Reserva Federal de Estados Unidos sobre su propia política monetaria.








