DIARIO FINANCIERO.- Un análisis reciente de 22V Research, liderado por Jordi Visser, advierte que el masivo ciclo de inversión en inteligencia artificial (IA) se enfrenta a barreras significativas en la infraestructura física, más que a una escasez de capital. Este estudio global proyecta un gasto total de hasta 8 billones de dólares para el despliegue de la infraestructura de IA, pero estima que solo entre el 12% y el 18% de este proceso ha sido completado hasta la fecha.
Esta situación desplaza el debate desde la valoración bursátil de la IA hacia la capacidad operativa y el control de los elementos esenciales. Los principales cuellos de botella identificados incluyen la memoria de alto ancho de banda (HBM), sistemas de refrigeración, el cobre, la fibra óptica, las subestaciones eléctricas y la generación de energía. La capacidad de escalar el software de IA está superando la velocidad de construcción de fábricas, redes eléctricas y centros de datos.
En este contexto, NVIDIA mantiene una posición dominante al ser central en el gasto en aceleradores y centros de datos. No obstante, la perspectiva para otras empresas como Micron Technology sugiere cautela, dado el rápido aumento de su valor y la creciente participación de inversores minoristas. Visser advierte que el ciclo de la IA no es homogéneo, y los inversores deben ser selectivos, considerando que los ganadores pueden estar distribuidos en toda la cadena de suministro físico, desde chips hasta energía y materiales.
Visser compara el escenario actual con el de la década de 1970, caracterizado por una fuerte inversión física, presión sobre las materias primas, inflación y tasas de interés elevadas. Este entorno macroeconómico, con expectativas de la Reserva Federal más restrictivas y rendimientos del Tesoro al alza, podría comprimir los múltiplos de valoración de las empresas, incluso si la demanda de IA sigue fuerte. El riesgo para los inversores no es solo una desaceleración de la demanda, sino que el mercado pague menos por los beneficios esperados.
La principal conclusión es que la IA debe ser vista como un ciclo industrial con limitaciones reales, plazos de ejecución prolongados y costes inflacionarios. Los cuellos de botella físicos separarán a los ganadores estructurales de aquellas compañías que solo se benefician de la euforia inicial. La prudencia y la selectividad son cruciales para los inversores que buscan capitalizar este ciclo tecnológico.







