El gasto promedio del turista en la República Dominicana no ha crecido en términos reales al mismo ritmo que el flujo de visitantes, una brecha que el economista Nassim Alemany identificó como uno de los principales retos de la industria turística del país durante la Exposición Comercial de Asonahores 2026, celebrada en Punta Cana.
El dato cobra peso cuando se contrasta con la escala de la expansión: el país pasó de recibir alrededor de cuatro millones de pasajeros aéreos a acercarse a los ocho millones, prácticamente duplicando el flujo en dos décadas. Que ese volumen no se haya traducido en un aumento equivalente del consumo por visitante limita el impacto económico del turismo sobre sectores vinculados como agropecuaria, manufactura, comercio, transporte, construcción y servicios básicos.
Nuevas habitaciones y segmentos de mayor valor
Una parte de la solución, según Alemany, llegará por el lado de la oferta. Para los próximos años se proyectan más de 11,000 nuevas habitaciones hoteleras, y una porción relevante de esa expansión corresponde a segmentos de mayor categoría, con un ticket promedio más alto por estadía. El crecimiento de la planta hotelera en rangos superiores podría elevar el gasto agregado sin depender exclusivamente de un mayor número de llegadas.
La diversificación del modelo de negocio es otro eje señalado por el economista. El esquema de todo incluido, dominante en el mercado dominicano, concentra el consumo dentro del perímetro hotelero. Alemany planteó que incentivar al visitante a realizar gastos fuera de los establecimientos, en restaurantes, comercios y actividades locales, puede ampliar el impacto del turismo sobre la economía más amplia.
Informalidad, conectividad y dependencia de Norteamérica
Alemany también enumeró una serie de retos estructurales: la informalidad en el sector, la regulación de plataformas de estancias de corta duración como Airbnb, el encadenamiento con proveedores locales y la formación de talento humano. Estos factores, dijo, forman parte de una agenda de largo plazo que va más allá de las metas de llegadas anuales.
A esos elementos se añaden los riesgos climáticos y los costos de conectividad aérea. La incertidumbre internacional, los precios del petróleo y el encarecimiento de otros insumos pueden presionar las tarifas de vuelo y, con ello, la decisión de viaje de los turistas potenciales, advirtió el economista.
La dependencia del mercado norteamericano fue otro punto destacado. Alemany señaló que la diversificación de los mercados emisores debe continuar para reducir la exposición a choques en un solo origen. El seguimiento a la apertura de nuevas rutas y al avance de la planta hotelera de alta gama serán los indicadores clave para evaluar si la industria logra cerrar la brecha entre volumen de llegadas y valor generado por visitante.







