Trump rebautizó la inteligencia artificial como «superinteligencia» ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, el martes 22 de septiembre, y anunció que ese término reemplazará al de «inteligencia artificial» en todos los documentos oficiales de Estados Unidos.
El cambio de denominación no es cosmético: el presidente argumentó que llamarla «artificial» no hace justicia a una tecnología que, según él, «va a superar la Revolución Industrial», y en algunos casos podría incluso superar la propia Revolución de Internet. Para las empresas dominicanas y latinoamericanas que compiten por talento tecnológico, acceso a plataformas y contratos con proveedores estadounidenses, la señal política que emite Washington sobre regulación y velocidad de adopción tiene consecuencias directas en la dirección de la inversión global.
EE.UU. contra China en la carrera por la SI
«Quien gane la carrera de la SI, la superinteligencia, va a ganar de verdad», afirmó Trump ante los delegados reunidos en la Asamblea General. El mandatario aseguró que Estados Unidos está superando a China «con creces» en esa competencia y prometió que el país seguirá liderando el mundo en esta área «con seguridad y con responsabilidad».
Trump descartó de forma explícita cualquier medida que frene el avance. Dijo que no va «a asfixiar en absoluto el crecimiento de algo» de tal magnitud y equiparó las advertencias de los expertos sobre los riesgos de la IA con las predicciones que, según él, hicieron los mismos sectores sobre el cambio climático: «Los mismos que anunciaron calamidades y dijeron que íbamos a morir por el cambio climático son los mismos que ahora dicen que vamos a morir por la IA».
Supervisión sin restricciones
Pese al rechazo a las restricciones, Trump no descartó por completo un marco institucional. Señaló que junto con el Departamento de Justicia y otros órganos del orden público, la administración no solo va a «alentar la superinteligencia», sino que la «fomentará con supervisión, pero sin ponerle freno». La distinción entre supervisión y regulación restrictiva será clave para los inversores tecnológicos que observan si Washington establece guardianes legales o deja el campo abierto.
El mandatario apeló a un argumento histórico para sostener su postura: comparó el desafío que representa la IA con la firma de la Declaración de Independencia de 1776, y afirmó que 250 años después Estados Unidos se reúne de nuevo para afrontar los grandes retos de la era con «voluntad y determinación». «EE.UU. nunca ha sido un país que se eche para atrás de la primera línea de la vanguardia por muy estremecedor que fuera el desafío», concluyó.
El discurso de Trump ante la ONU define el tono regulatorio de la mayor economía del mundo para los próximos meses: aceleración antes que cautela. Los gobiernos y empresas de América Latina que dependen de la infraestructura tecnológica estadounidense deberán anticipar un entorno donde la adopción de herramientas de superinteligencia avanzará sin las restricciones que algunos bloques, como la Unión Europea, sí están imponiendo.









