Privatizar la inteligencia artificial creará una nueva brecha entre quienes pueden pagar una suscripción y quienes no, advierte Cristina Sanjuan, directora del primer máster en Filosofía de la Inteligencia Artificial de España, adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia de Comillas. El programa arranca en enero de 2027 y se imparte en Madrid con clases los jueves, viernes y sábados.
Sanjuan, que también ejerce como directiva en la consultora de ingeniería británica Arup, describe el momento actual como una «loca carrera» en la que el desarrollo comercial de la IA supera con creces la velocidad a la que individuos e instituciones son capaces de procesar sus consecuencias. «Hay un desfase brutal entre el desarrollo comercial de la IA y la velocidad a la que los humanos interpretan lo que está pasando», señala. En ese vacío conceptual, algunas grandes tecnológicas operan ya, según su diagnóstico, como «superpoderes por encima de los Estados».
El riesgo de privatizar la inteligencia
El argumento central de Sanjuan gira en torno a un escenario concreto: si la industria tecnológica logra capturar las capacidades de crear, escribir y expresarse, la inteligencia misma podría quedar privatizada. «El acceso a esta dependerá de pagar una suscripción, lo que conlleva otra desigualdad entre quienes tienen medios y quienes no», explica la académica. Privatizar la inteligencia artificial, en esa lectura, no es solo un debate sobre modelos de negocio, sino sobre quién accede al conocimiento y en qué condiciones.
El máster surge precisamente para llenar ese vacío: formar profesionales con base técnica suficiente para formular preguntas críticas sobre conocimiento, verdad, creatividad, autoría y delegación. «No buscamos mentes que pongan palabras bonitas a decisiones ya tomadas. Hay que cuestionar esas decisiones e impactar en ellas», dice Sanjuan. El programa está dirigido tanto a recién licenciados como a profesionales en activo.
La trampa de la autoridad algorítmica
Más allá del acceso económico, Sanjuan identifica un riesgo cognitivo. Cuando la IA genera respuestas rápidas, eficaces y bien redactadas, emerge lo que ella llama una «autoridad algorítmica»: la ilusión de que el sistema sabe más que el usuario. «Si utilizas la IA cuando tienes ciertas competencias, sales reforzado; sin embargo, si delegas cada vez más y supervisas cada vez menos, pierdes poco a poco lo que te hace despuntar», advierte. El peligro, concluye, es que «los humanos nos quedemos fuera de la comprensión bajo el espejismo de seguir teniendo el control».
En ese marco, Sanjuan también cuestiona el papel de los propios líderes de la industria en el debate regulatorio. Cuando ejecutivos como Dario Amodei, de Anthropic, piden más regulación y coherencia sectorial, «se produce una contradicción tremenda, puesto que quien vende IA no puede definir a la vez los términos del debate», afirma. Su postura es clara: a figuras de esa escala «hay que tratarlos como testigos privilegiados, ni más ni menos», no como árbitros neutrales.
La sociedad que propicia la IA
Sanjuan traza un paralelo con la irrupción del teléfono inteligente desde 2007, al que describe como la mayor fuerza «vertebradora y destructiva» de las últimas décadas. La IA representaría la siguiente mutación, con efectos aún más difusos sobre la autoridad, la creatividad y la identidad. «Son las personas las que pedalean en este gigantesco engranaje, las que regalan su información a estas compañías. Es más distópico de lo que parece», sostiene.
Para ilustrar cómo puede evolucionar el ciclo, recurre al ejemplo del streaming: plataformas que comenzaron con propuestas originales y terminaron siendo gobernadas por algoritmos que generan hartazgo. «Tras el hype en el que estamos hoy quizás llegue el hartazgo al universo de la IA», proyecta Sanjuan. Lo que sigue es una incógnita abierta: si lo artesanal vuelve a ganar valor, o si el ser humano, que «nunca ha renunciado a su parte creativa», encontrará formas distintas de creatividad construidas sobre, y no entregadas a, la inteligencia artificial.








