El empresario tecnológico dominicano Chris Corcino advirtió en el escenario del TEDx Cumbayá, en Quito, que la inteligencia artificial en el aula puede profundizar las desigualdades educativas si se implementa sin la metodología correcta, en particular en países en desarrollo donde la mayoría de los estudiantes no cuenta con las capacidades mínimas para usar la tecnología de forma productiva.
Corcino, chairman de Intellisys y cofundador del Instituto Cincinatus, articuló su argumento en torno al concepto de «piso cognitivo»: el conjunto mínimo de habilidades (lectura, razonamiento y conocimiento base) que le permite a un estudiante interrogar, evaluar y verificar lo que una herramienta de IA le entrega. Sin ese piso, la tecnología no enseña; simplemente piensa por el alumno. «Por encima del piso, la IA te amplifica; por debajo del piso, la IA piensa por ti», sintetizó ante el público de Quito.
El déficit dominicano: 9 de cada 10 niños en zona de riesgo
Las cifras presentadas por Corcino son precisas. Siete de cada diez niños en países en desarrollo se encuentran por debajo de ese umbral mínimo de aprendizaje. En República Dominicana, la proporción sube a nueve de cada diez, lo que significa que introducir inteligencia artificial en el aula sin una estrategia pedagógica sólida podría agravar exactamente el problema que busca resolver.
Ese déficit, argumentó Corcino, no es resultado de falta de talento sino de desigualdad estructural en el acceso. Desde su propia trayectoria (creció en el campo dominicano, tocó una computadora por primera vez a los 19 años y luego emigró a Nueva York) sostuvo que el talento no es el recurso escaso: «El talento se reparte por igual. El acceso, no.» A esa inequidad la llamó una «lotería del acceso».
IA como muleta vs. IA como tutor
El núcleo de la presentación fue la distinción entre usar la IA para resolver tareas y usarla como tutor socrático. Corcino citó un estudio con estudiantes de secundaria: cuando tuvieron acceso libre a IA generativa, resolvieron inicialmente un 48% más de problemas. Pero al retirar la herramienta, su rendimiento cayó un 17%, porque no habían aprendido; solo habían obtenido respuestas.
El contraste con el enfoque alternativo es directo. Cuando la misma tecnología fue configurada para formular preguntas en lugar de entregar soluciones, el aprendizaje aumentó un 127% y los avances se mantuvieron después de retirar la herramienta. Una experiencia documentada en Nigeria reforzó ese hallazgo: seis semanas de tutoría guiada con IA produjeron avances equivalentes a aproximadamente dos años escolares, con los mayores saltos entre los estudiantes que partían de más atrás.
El caso Pedro: de conserje a ingeniero de software
Para ilustrar la tesis, Corcino presentó el caso de Pedro, un trabajador que limpiaba las oficinas de una empresa de software en Santiago. Tenía diploma de bachillerato, pero una evaluación reveló que su nivel real correspondía a quinto grado de primaria. Se reconstruyó su formación desde los fundamentos, completó el bachillerato y recibió entrenamiento en programación y computación en la nube. Hoy Pedro trabaja como ingeniero de software y gana diez veces lo que percibía al inicio del proceso, según el caso documentado presentado en la conferencia.
La tesis de Corcino es que ese tipo de transformación no es excepcional: puede escalarse si el sistema educativo adopta la inteligencia artificial como escalera y no como atajo. Su llamado final fue dirigido a cuatro actores: padres, docentes, desarrolladores de tecnología y responsables de políticas educativas. «La herramienta no decide. Decidimos nosotros. Sin piso, es muleta. Con guía, es escalera», fueron sus palabras de cierre.
La pregunta que deja sobre la mesa es cuánto tiempo tomará esa decisión en un país donde, según sus propios datos, nueve de cada diez niños aún esperan que alguien construya ese piso.










