El empresario Lisandro Macarrulla admitió que aceptar el cargo de ministro de la Presidencia en 2020, cuando Luis Abinader llegó al poder por primera vez, fue un error que debió corregir desde el primer día. «Yo no quería ser funcionario, fue una insistencia. Eso fue un error de mi parte», declaró en un podcast conducido por Henya Tejeda, sin precisar quién lo presionó para asumir la posición.
El exfuncionario reconoció que su perfil empresarial no lo preparó para las dinámicas del poder político. «No estaba preparado para la intriga política, la maldad política y la falta de visión de los políticos; ese ecosistema no lo entendí, y tuve gran parte de la culpa», señaló Macarrulla, quien ejerció como ministro de la Presidencia durante los dos primeros años del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Una salida que, según él, debió ser inmediata
Pese al arrepentimiento, Macarrulla matizó su valoración del período. Afirmó que se sintió satisfecho al comprobar que su gestión coincidió con una recuperación económica notable: la economía dominicana había contraído cerca de un 6% en 2020, en plena crisis por la pandemia de covid-19, para luego crecer casi un 12% en 2021. «Creo que aporté mucho en los peores momentos del Gobierno y en los dos primeros años de la gestión de Luis Abinader, que fueron los más exitosos», sostuvo.
El exministro también indicó que, desde el Ejecutivo, se crearon las condiciones sectoriales para que cada renglón de la economía tuviera los mecanismos necesarios para reactivarse una vez superada la pandemia.
La salida en agosto de 2022
Macarrulla dimitió en agosto de 2022 luego de que su hijo, que lleva su mismo nombre, fuera mencionado en el caso de corrupción administrativa conocido como Operación Medusa, cuyo principal imputado es el exprocurador Jean Alain Rodríguez. En su momento, el empresario justificó la renuncia argumentando que ya había cumplido el compromiso de acompañar al presidente Abinader por dos años en la administración del Estado.
Las declaraciones del exministro, formuladas ahora en tono retrospectivo, ponen en primer plano las tensiones entre el mundo empresarial y la política partidaria que marcaron los inicios del actual gobierno, y reavivan el debate sobre la incorporación de figuras del sector privado a cargos de primer nivel en el Ejecutivo dominicano.







