El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y su par estadounidense Donald Trump acordaron el viernes continuar las negociaciones arancelarias entre Brasil y Estados Unidos tras una llamada telefónica de una hora y 20 minutos, en la que también abordaron crimen organizado y el conflicto en Ucrania.
La conversación, calificada de «cordial» por la Presidencia brasileña, se produce en un momento de alta tensión diplomática entre las dos mayores economías del continente americano, con aranceles del 37.5% impuestos por Washington a productos brasileños desde julio, una medida que amenaza con reconfigurar flujos de comercio y afectar a exportadores e importadores de la región.
Posiciones y propuestas sobre los aranceles
Lula sostuvo ante Trump que las razones esgrimidas por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos para justificar los aranceles son «infundadas», según la versión difundida por el gobierno de Brasilia. El mandatario izquierdista argumentó que «seguir en la mesa de negociación» era la «mejor opción» para que Estados Unidos preserve su posición como uno de los principales socios comerciales de Brasil.
Trump, por su parte, se mostró de acuerdo en la necesidad de «preservar vínculos comerciales fuertes» y propuso que equipos técnicos de los dos países se reúnan «lo más pronto posible», de acuerdo con la misma fuente. Los aranceles anunciados en julio fueron el resultado de investigaciones que señalaron, entre otras cosas, varias prácticas anticompetitivas y la importación por parte de Brasil de productos fabricados con trabajo esclavo, acusaciones que el gobierno de Lula ha rechazado categóricamente.
Crimen organizado y Ucrania en la agenda
En materia de seguridad, Lula reafirmó el «interés» de su administración en cooperar con Washington en el combate al crimen organizado, aunque subrayó que Brasil posee «instrumentos» propios para enfrentar a las principales bandas del país sin necesidad de que sean clasificadas como organizaciones terroristas. Esa designación fue otorgada recientemente por el gobierno de Trump al Comando Vermelho (CV) y al Primeiro Comando da Capital (PCC), las dos facciones más poderosas de Brasil. Entre las acciones mencionadas por Lula figuran la estrategia de asfixia financiera y planes para construir nuevas prisiones de máxima seguridad. Trump respondió que nombraría a «funcionarios de alto nivel» para dar seguimiento a la cooperación bilateral en este frente.
En el plano internacional, ambos líderes coincidieron en la «urgencia» de una «solución negociada» para el conflicto entre Rusia y Ucrania, que acumula casi cinco años de hostilidades. Lula criticó la «inoperancia» del Consejo de Seguridad de la ONU y propuso celebrar una reunión extraordinaria para encontrar «salidas diplomáticas» a los conflictos en curso, señalando que «los grandes líderes no son aquellos que inician guerras, sino aquellos que las terminan».
Tensión diplomática con telón de fondo electoral
La llamada ocurre en un contexto políticamente sensible: quedan menos de dos meses para las elecciones presidenciales en Brasil, en las que Lula busca la reelección frente al derechista Flávio Bolsonaro como principal rival. El gobierno brasileño llegó a acusar a la Casa Blanca de intentar influir en los comicios en favor de Bolsonaro, lo que añade una capa de complejidad a las relaciones bilaterales más allá del frente comercial.
Los próximos movimientos dependerán de qué tan rápido los equipos técnicos de ambos países concreten la reunión propuesta por Trump y si logran avanzar en un acuerdo que desactive los aranceles antes de que la campaña electoral brasileña consuma toda la atención política en Brasilia.









