República Dominicana está construyendo torres, complejos residenciales y grandes desarrollos inmobiliarios a un ritmo que refleja la confianza de los inversionistas en el país. Pero hay una pregunta que debemos hacernos antes de celebrar cada nuevo proyecto: ¿están creciendo nuestras ciudades con la misma velocidad con la que crecen las construcciones? Porque levantar edificios es una señal de inversión; conseguir que una ciudad funcione mejor es una señal de desarrollo.
Las cifras muestran la dimensión de esta transformación. Durante el primer semestre de 2026, el país otorgó 921 licencias de construcción, un incremento de 19.9 % respecto al mismo período de 2025, según datos del Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones (MIVHED). El 74.4 % correspondió a proyectos habitacionales. Estamos hablando de una actividad que moviliza capital, empleos y una extensa cadena productiva, pero cuyo éxito también depende de la infraestructura, la movilidad y los servicios que acompañan cada nueva inversión.
La inversión está creciendo y el reto es aprovecharla mejor
El Banco Central de la República Dominicana informó que la inversión extranjera directa alcanzó US$3,276.5 millones durante el primer semestre de 2026, un crecimiento interanual de 7.7 %. El turismo captó el 20.1 % de esos recursos y el desarrollo inmobiliario, el 12.4 %.
Estos indicadores confirman el atractivo de ambos sectores para el capital internacional. Sin embargo, atraer inversiones es solo una parte de la ecuación. También necesitamos crear las condiciones para que generen valor sostenido y contribuyan a fortalecer la competitividad de los territorios donde se desarrollan.
Un proyecto puede ser rentable desde la perspectiva de su promotor, pero su desempeño a largo plazo también está relacionado con la conectividad, la disponibilidad de servicios, la movilidad y la calidad del entorno. Por eso, evaluar el crecimiento inmobiliario únicamente por las licencias aprobadas, los metros cuadrados construidos o el capital movilizado ofrece una visión incompleta.
La planificación también tiene valor económico
La planificación urbana no es un asunto exclusivamente arquitectónico o institucional. Tiene consecuencias económicas concretas.
La disponibilidad de agua, energía, vías de acceso, saneamiento y transporte incide en los costos de operación, la calidad de vida y la capacidad de un territorio para recibir nuevas inversiones. Cuando estos servicios avanzan de manera coordinada con la expansión inmobiliaria, contribuyen a crear entornos más eficientes y competitivos.
Cuando la infraestructura queda rezagada, en cambio, aumentan las presiones sobre los servicios existentes y aparecen costos que afectan a residentes, empresas y administraciones públicas.
Esto no significa que cada proyecto deba esperar a que toda la infraestructura de una zona esté terminada. Significa que las decisiones de inversión deben integrarse a una planificación capaz de anticipar necesidades, establecer prioridades y distribuir mejor los recursos.
Construir genera actividad económica. Planificar permite que esa actividad tenga mejores resultados a largo plazo.
El turismo y el desarrollo inmobiliario necesitan destinos funcionales
Esta discusión es especialmente importante en República Dominicana, donde el turismo y el mercado inmobiliario mantienen una relación cada vez más estrecha.
Los destinos ya no compiten únicamente por sus playas, hoteles o atractivos naturales. También compiten por su conectividad, sus servicios, su oferta de entretenimiento y las condiciones que ofrecen a visitantes, residentes e inversionistas.
Los proyectos residenciales, hoteleros, comerciales y de uso mixto pueden diversificar la actividad económica de un territorio. Pero su impacto depende, en buena medida, de cómo se integran al destino.
La misma lógica aplica a Santo Domingo y otras ciudades dominicanas, donde el crecimiento residencial debe analizarse junto con la movilidad, el acceso a servicios y la capacidad de la infraestructura urbana.
El objetivo no es frenar la construcción ni reducir el atractivo del mercado inmobiliario. Es fortalecer las condiciones que permitan que ese mercado continúe creciendo de forma competitiva.
Agilidad y planificación deben avanzar juntas
Otro dato merece atención: el tiempo promedio de aprobación de las licencias de construcción pasó de 143.5 días en el segundo trimestre de 2025 a 165.9 días en el mismo período de 2026, según las cifras del MIVHED.
La previsibilidad de los trámites es importante para los inversionistas, porque incide en los presupuestos, el financiamiento y los cronogramas de ejecución. Sin embargo, la solución no consiste simplemente en aprobar más rápido. Se trata de combinar agilidad administrativa con normas claras, supervisión adecuada y planificación territorial.
La seguridad jurídica y la calidad regulatoria son complementarias. Un mercado que ofrece reglas previsibles y procesos transparentes puede generar mayor confianza para las decisiones de largo plazo.
El sector público tiene la responsabilidad de establecer reglas y desarrollar la infraestructura que le corresponde. El sector privado, por su parte, tiene la oportunidad de impulsar proyectos que consideren no solo su rentabilidad inmediata, sino también su integración al entorno.
El verdadero indicador del desarrollo
República Dominicana cuenta con un mercado inmobiliario dinámico, una industria turística que atrae capital y oportunidades para continuar expandiendo su infraestructura. El reto consiste en convertir ese dinamismo en resultados duraderos.
No basta con preguntarnos cuántos edificios se construyen, cuántas licencias se aprueban o cuánto capital entra al país. También debemos evaluar cómo ese crecimiento transforma el territorio, qué capacidades económicas genera y qué condiciones deja para las próximas inversiones.
La construcción es una herramienta fundamental para impulsar la economía. Su mayor aporte se alcanza cuando forma parte de una visión que conecta inversión, productividad, infraestructura y calidad de vida.
Porque el éxito de un país no debería medirse solamente por todo lo que logra construir, sino también por la capacidad de hacer que sus ciudades funcionen mejor.
Joan G. Feliz








