El mundo de las materias primas ha entrado en un súper mercado alcista, según HSBC, que esta semana elevó su previsión de incremento medio de precios para 2026 del 16% al 22%, y subió su proyección para 2027 en 14 puntos porcentuales. El banco señala que la convergencia simultánea de conflictos geopolíticos, fenómenos meteorológicos extremos y una demanda estructural en ascenso está vaciando los inventarios globales a un ritmo acelerado.
La advertencia importa de forma directa a República Dominicana, donde la factura energética, los precios de los alimentos y el costo de los insumos para la construcción y la manufactura dependen en buena medida de los mercados internacionales de energía, metales y productos agrícolas. Una inflación importada más persistente complica el margen de acción del Banco Central (BCRD) para sostener el ciclo de relajación monetaria que abarata el crédito.
Un ciclo histórico confirmado por el modelo del banco
En un informe publicado esta semana, Paul Bloxham, economista jefe global de materias primas de HSBC, indicó que el modelo patentado COCCLES del banco, una herramienta estadística que identifica las fases cíclicas de los precios, muestra ahora que el mercado se encuentra «de manera contundente en una fase de ‘supertoro'». Según el banco, este tipo de ciclo históricamente se prolonga más que otras fases del mercado de materias primas.
Los indicadores de mercado respaldan esa lectura. Los futuros del cobre en Londres han cotizado por encima de los US$14,700 por tonelada, mientras que el índice Bloomberg de materias primas ha alcanzado su nivel más alto en 14 años. El repunte ya no se limita a la energía: se ha extendido al segmento agrícola, los metales industriales y los materiales críticos para la transición energética.
Geopolítica y clima como detonadores de oferta
Desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán a finales de febrero de 2026, el estrecho de Ormuz, por donde transita una porción sustancial del petróleo mundial, permanece prácticamente cerrado al transporte marítimo comercial. A eso se suman los ataques hutíes en el mar Rojo, que han perturbado el comercio a través del estrecho de Bab el-Mandeb, y la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya va por su quinto año y ha extendido las disrupciones más allá del crudo hacia el azufre, los fertilizantes, el aluminio y los cereales.
En el frente climático, un episodio de El Niño en intensificación presiona la oferta agrícola global. Según el informe de HSBC, el Índice de Oscilación del Sur, el indicador meteorológico que mide la intensidad del fenómeno, ha alcanzado niveles extremos no vistos en más de dos décadas, elevando los riesgos sobre cosechas de granos, oleaginosas y otros productos sensibles a la temperatura y las precipitaciones.
Inventarios en mínimos y demanda que no cede
HSBC advirtió que los colchones de inventario que en ciclos anteriores permitían a los mercados absorber shocks de oferta están desapareciendo. En el mercado petrolero, las continuas extracciones de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos elevan el riesgo de que los stocks lleguen a niveles mínimos críticos, en los que cualquier nueva perturbación podría traducirse directamente en repuntes abruptos de precios.
En Europa, las reservas de gas natural se mantienen muy por debajo de los niveles objetivo de cara al invierno, lo que añade presión sobre el mercado energético global. Por el lado de la demanda, el desarrollo de infraestructura de inteligencia artificial y la electrificación global continúan impulsando los precios de los metales básicos. El cobre, en máximos históricos, refleja tanto el aumento del consumo como la crónica falta de inversión en nuevas minas durante la última década.
Los próximos meses serán decisivos para medir si los inventarios de petróleo en Estados Unidos logran estabilizarse antes del invierno del hemisferio norte, y si las disrupciones en el estrecho de Ormuz muestran alguna distensión. Para los importadores netos de materias primas como República Dominicana, el ritmo con que estas presiones se trasladen a precios de combustibles, alimentos y bienes intermedios determinará, en gran medida, el comportamiento de la inflación y del tipo de cambio en los próximos trimestres.






