Los rendimientos de bonos del Tesoro de Estados Unidos han escalado de forma sostenida durante 2026, con el bono a 30 años cerrando en 5.29% al 9 de septiembre, su nivel más alto desde 2007, y el bono a 10 años en 4.84%, tras acumular 67 puntos básicos de aumento desde enero, según informó el Departamento de Tesorería del Banco Central de la República Dominicana (BCRD).
El alza encarece el financiamiento externo para economías emergentes como la dominicana, dado que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense son la referencia global del costo del crédito soberano. Sin embargo, el BCRD destacó que los sólidos fundamentos macroeconómicos del país han contenido el impacto: el Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI, indicador del riesgo soberano de un país respecto a los Tesoros de EE.UU.) se ubicó en 157 puntos básicos en los primeros días de septiembre, su nivel más bajo en cinco años.
Inflación, geopolítica y presiones fiscales detrás del alza
La tendencia alcista en los rendimientos de bonos del Tesoro ha respondido a múltiples factores. El BCRD señaló que la intensificación del conflicto con Irán y el consiguiente aumento en los precios del petróleo elevaron los riesgos inflacionarios, lo que llevó a los principales bancos centrales a adoptar una postura más cautelosa y recortar las expectativas de flexibilización monetaria. La inflación en Estados Unidos registró su última lectura en 3.4%, por debajo del pico de 2026 pero aún por encima de la meta de largo plazo de la Reserva Federal.
Durante el tercer trimestre, la curva de rendimientos del Tesoro se empinó con mayor fuerza en los tramos de largo plazo, un fenómeno que el BCRD atribuyó a factores estructurales más allá de la política monetaria: las crecientes presiones fiscales, el aumento de la oferta de deuda con grado de inversión y los cambios en la composición de los compradores de deuda soberana. El 19 de agosto, el Departamento del Tesoro de EE.UU. confirmó que la deuda pública superó por primera vez los US$40 billones, lo que amplía las necesidades de emisión y presiona al alza la prima que los inversionistas exigen por mantener deuda de larga duración.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló recientemente que existe una «muy buena probabilidad» de que el déficit fiscal haya alcanzado su punto máximo bajo la administración Trump y que el crecimiento económico será clave para manejar la carga de deuda. No obstante, el BCRD advirtió que el margen para reducir el gasto es limitado dado el peso de programas obligatorios como Seguridad Social, Medicare y Medicaid, además del pago de intereses, lo que mantiene las expectativas de reducción del déficit bajo incertidumbre.
Mayor oferta de deuda corporativa y cambios en la demanda
Un segundo elemento detrás del alza en los rendimientos de bonos del Tesoro es la competencia creciente de deuda corporativa de largo plazo. Para 2026 se estima que la emisión de deuda corporativa con grado de inversión (calificación BBB- o superior) alcance US$1.9 billones, por encima del récord previo de US$1.66 billones registrado en 2020. De ese total, se proyecta que las emisiones a más de diez años sumen alrededor de US$380,000 millones, con cerca del 38% vinculado a empresas del sector de inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, la estructura de tenedores de deuda del Tesoro se ha transformado. Los inversionistas privados hoy concentran alrededor del 70% de la deuda emitida por el Tesoro estadounidense, frente a una participación reducida o estabilizada de la Reserva Federal y de bancos centrales extranjeros. Como los inversionistas privados son más sensibles al precio que los tenedores oficiales, la demanda de nuevas emisiones se vuelve más elástica, lo que tiende a presionar al alza el costo del financiamiento.
La intervención cambiaria en Japón y su vínculo con los Tesoros
A finales de julio, el yen japonés se depreció hasta niveles cercanos a 164 por dólar, mínimos de casi cuatro décadas. El 30 de julio, el Ministerio de Finanzas de Japón ejecutó una intervención unilateral estimada en ¥8.45 billones (equivalentes a unos US$53,000 millones), la mayor de un solo día registrada por Tokio. Al día siguiente, el Tesoro estadounidense intervino de forma coordinada, en la primera compra conjunta de yenes desde 1998.
El diseño de la operación buscó evitar que Japón, el mayor tenedor extranjero de deuda del Tesoro con una cartera superior a US$1.1 billones, liquidara esos activos para defender su moneda, lo que habría añadido presión a un mercado ya tensionado. El Tesoro financió sus compras de yenes con euros de su Fondo de Estabilización Cambiaria, en lugar de dólares, mientras que el Ministerio de Finanzas japonés anunció apertura a usar la Facilidad de Reporto para Autoridades Monetarias Extranjeras (FIMA) de la Reserva Federal, mecanismo que les permite obtener liquidez en dólares usando Tesoros como garantía, sin venderlos en el mercado abierto.
El propio secretario Bessent solicitó ampliar el límite por contraparte de esa facilidad, actualmente fijado en US$60,000 millones. El BCRD interpretó estas decisiones como una señal del interés de Washington por evitar presiones adicionales sobre el mercado de Tesoros, dada su relevancia para la estabilidad financiera global.
Ante el continuo aumento, el Tesoro anunció el 19 de agosto que duplicaría sus operaciones de recompra en el tramo de 10 a 30 años, elevando el límite por operación de US$2,000 millones a al menos US$4,000 millones entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre. La medida generó una caída inicial de unos 9 puntos básicos en el rendimiento del bono a 30 años, hasta 5.19%, pero el efecto se diluyó en menos de 24 horas, con los rendimientos revirtiendo por encima de 5.25% y 4.70%, respectivamente.
Impacto en República Dominicana: EMBI en mínimo de cinco años y peso apreciado
Pese a la turbulencia internacional, República Dominicana ha mantenido una posición favorable. El EMBI del país bajó a 157 puntos básicos en los primeros días de septiembre, el nivel más bajo en cinco años, lo que refleja la confianza de los inversionistas internacionales en la economía dominicana frente a otros países de la región, según el BCRD.
El peso dominicano también ha registrado un desempeño destacado: al cierre de agosto de 2026 acumulaba una apreciación superior al 7% frente al dólar estadounidense, respaldada por el dinamismo de los sectores generadores de divisas. El BCRD mencionó además que el banco J.P. Morgan mantiene una visión constructiva sobre la economía dominicana, aunque el comunicado no incluyó el detalle completo de ese análisis.
Los mercados locales y los gestores de deuda pública deberán seguir de cerca la evolución de los rendimientos de bonos del Tesoro en los tramos largos, en particular si las presiones fiscales en EE.UU. persisten y la prima por plazo continúa su tendencia al alza, lo que podría encarecer las condiciones de financiamiento externo del país en futuras colocaciones de deuda soberana.








