DIARIO FINANCIERO.- Carlos Slim volvió a poner peso empresarial en la discusión geoeconómica más sensible del continente. El magnate mexicano sostuvo este miércoles que la relación comercial entre México y Estados Unidos seguirá siendo uno de los pilares de la economía de Norteamérica, con o sin T-MEC, en un mensaje que llegó a las horas de concluida la primera revisión conjunta del tratado.
La declaración del hombre más influyente del sector privado mexicano fija un mensaje político-económico difícil de ignorar. En un año en el que la incertidumbre sobre la continuidad del acuerdo trilateral pesa sobre los planes de inversión, Slim intenta despejar el ruido con un argumento estructural: la relación comercial entre México y Estados Unidos no depende de un tratado, sino de la complementariedad de dos economías que operan como una sola cadena de valor.
Relación Comercial Entre México Y Estados Unidos: El Argumento De Slim
El empresario expuso su tesis durante el acto conmemorativo de la Unión Mexicana de Asociaciones de Ingenieros (UMAI), donde recibió un reconocimiento. Su lectura evita el terreno del arancel puntual y se instala en la lógica de cadenas globales.
«México y Estados Unidos son muy complementarios, no somos competidores. Estados Unidos necesita a México mucho. Porque si no, pues va a seguir comprándole a China todo lo que corresponda. Y ya en México no solamente se produce en empresas mexicanas, son empresas americanas»
Detrás del planteamiento hay una realidad industrial verificable. Al menos General Motors, Ford y buena parte de la industria automotriz estadounidense operan hoy con líneas totalmente integradas entre ambos países, en un flujo en el que las piezas cruzan varias veces la frontera antes de terminar en el ensamble final. Cualquier ruptura mayor en la relación comercial entre México y Estados Unidos traería consigo un choque para las cadenas automotrices que ni Detroit ni Washington quieren asumir en el corto plazo.
Un Guiño Directo A Washington
El mensaje de Slim opera en dos frentes. Hacia adentro, transmite calma a inversionistas mexicanos y multinacionales instaladas en el país. Hacia afuera, envía una señal política: la alternativa real a México no es autosuficiencia estadounidense, sino más peso chino en las importaciones de Estados Unidos.
Ese argumento no es nuevo, pero en boca de Slim adquiere peso económico. El empresario habla con la autoridad de quien no solo entiende el tablero, sino que ejecuta capital en varios de sus vértices. Al plantear que Washington «necesita mucho» a México, mueve la conversación desde la retórica arancelaria hacia el cálculo de resiliencia industrial que preocupa a las cadenas de suministro estadounidenses.
La Revisión Del T-MEC: Continuidad Confirmada
La declaración llegó horas antes de una noticia que refuerza su lectura. Este miércoles concluyó la primera revisión conjunta del Tratado México, Estados Unidos y Canadá en formato virtual, y confirmó que el convenio permanecerá vigente al menos 10 años más, sujeto a revisiones periódicas que apuntan a una renovación de hasta 16 años.
La información la comunicó el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), un actor con acceso directo al proceso técnico. La continuidad del tratado despeja uno de los principales riesgos que pesaban sobre la relación comercial entre México y Estados Unidos en 2026 y, en línea con lo planteado por Slim, evita el escenario más disruptivo: la ruptura total del marco trilateral.
Lo Que Puede Cambiar Aunque El Acuerdo Siga
La continuidad institucional del T-MEC no significa continuidad literal. Las revisiones conjuntas abren espacios para ajustar reglas de origen, capítulos laborales, disposiciones sobre digitalización y compras públicas. Para el sector privado mexicano, el foco de vigilancia estará en si las próximas rondas modifican la fórmula que ha permitido a México aprovechar el nearshoring como palanca central de crecimiento.
El propio Slim dejó abierto ese margen. Aseguró que «va a haber tratados y acuerdos», pero no descartó que el mecanismo actual cambie de nombre, formato o alcance. La relación comercial entre México y Estados Unidos, según su tesis, es demasiado importante para depender de un solo instrumento jurídico, pero sí lo suficientemente sensible como para exigir una construcción institucional permanente.
Un Voto De Confianza En Un Contexto De Bajo Dinamismo
La intervención de Slim tiene lectura macro adicional. Llega en un momento en el que la economía mexicana muestra señales de bajo dinamismo —27 meses consecutivos de contracción manufacturera según el IMEF y crecimiento anual de apenas 0.24% en el primer trimestre— y en el que la inversión privada es el eslabón más débil del ciclo.
En ese entorno, un mensaje del principal empresario mexicano a favor de la continuidad de la relación comercial entre México y Estados Unidos puede leerse también como un llamado a no paralizar decisiones de inversión por el ruido político. La foto de 2026 será la de un tratado que sobrevive, cadenas industriales que se ajustan y un sector privado que apuesta a que la lógica económica —esa complementariedad que Slim insiste en subrayar— termine imponiéndose sobre la fricción coyuntural.









