El Estrecho de Ormuz se convirtió en el epicentro de la tensión de los mercados marítimos globales luego de que la Organización Marítima Internacional (OMI) rechazara la propuesta del presidente estadounidense Donald Trump de cobrar a los barcos una tarifa del 20% del valor de su carga por transitar la vía bajo protección militar de Estados Unidos. El organismo de la ONU calificó el plan como una violación del derecho marítimo internacional.
La OMI reafirmó que ningún país tiene autoridad para imponer cobros a los buques que transiten por estrechos utilizados para la navegación internacional, citando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La postura desactiva un esquema que habría encarecido de forma significativa el comercio marítimo por uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.
El driver inmediato de la crisis fue una nueva oleada de ataques contra buques comerciales. El secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, condenó los ataques de Irán contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz el 8 de julio y exigió «máxima contención y desescalada». La OMI también instó a la industria naviera a evitar el tránsito por la vía si no puede garantizarse la seguridad de las tripulaciones.
La señal más clara para los mercados es el desplome del tráfico. El estrecho, que históricamente registraba alrededor de 130 tránsitos de embarcaciones al día, vio caer el flujo a aproximadamente 30 por día a principios de julio, una contracción cercana al 77% que presiona costos de flete, primas de seguro y cadenas de suministro energético.
La escalada se desató tras los ataques contra tres buques mercantes los días 6 y 7 de julio, lo que llevó a las fuerzas estadounidenses a atacar 140 instalaciones militares iraníes en su tercera oleada de la semana. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán declaró el cierre del estrecho hasta nuevo aviso. Trump, por su parte, se proclamó el 13 de julio «Guardián del Estrecho de Ormuz» y anunció que la vía permanecería abierta bajo protección estadounidense, al tiempo que reinstauró un bloqueo sobre los puertos iraníes.
En el plano diplomático, el secretario general de la ONU, António Guterres, se declaró «profundamente preocupado por la grave escalada» e instó, a través de su portavoz Stéphane Dujarric, a Irán y Estados Unidos a reanudar de forma urgente las negociaciones y abordar los asuntos pendientes por la vía diplomática.
Los esfuerzos del Consejo de Seguridad, sin embargo, siguen estancados. El embajador estadounidense Mike Waltz señaló en mayo que se coredactaba con Baréin una resolución para exigir a Irán cesar los ataques y el minado marino, con la participación de Kuwait, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Dos intentos previos —uno en abril y otro en mayo— fracasaron ante el veto de Rusia y China, ambos miembros permanentes del Consejo. Para los inversionistas, la evolución del tráfico marítimo y la respuesta del Consejo de Seguridad serán las variables clave a vigilar en las próximas semanas.









