Nvidia rechazó este jueves las informaciones del New York Times que afirman que Jensen Huang, su consejero delegado, fue el objetivo de una presunta operación de inteligencia china, y calificó de «exhaustivamente investigadas y desmentidas» las acusaciones de que un cliente regional desvió sus chips hacia China.
El reporte del Times identifica a Alice Huang, también llamada Huang Le, ejecutiva de Megaspeed, compañía de nube registrada en Singapur con centros de datos distribuidos por el sudeste asiático, como la persona que los servicios de inteligencia estadounidenses habrían monitoreado durante aproximadamente un año. La sospecha central, según el diario, era que Huang habría cultivado una relación estrecha con Huang como vía para obtener información sobre los planes de Nvidia y, en particular, sobre las gestiones del directivo ante la Administración Trump para obtener autorización de vender chips más potentes al mercado chino. Que el propio Jensen Huang contara con acceso directo al presidente Donald Trump, y que Trump fuera informado de la investigación sin tomar medidas, añadía una dimensión política que iba más allá de un asunto estrictamente comercial.
La pista malasia y el traslado al Departamento de Justicia
El expediente sobre Megaspeed se abrió antes del inicio de esa vigilancia. A finales de 2024, un funcionario del Departamento de Comercio se presentó en uno de los centros de datos de la empresa en Malasia y halló equipos de Nvidia todavía embalados, lo que generó la hipótesis de que el material estuviera siendo reencaminado hacia un destino distinto al declarado. El caso, originalmente en manos del Departamento de Comercio, fue transferido este año al Departamento de Justicia, mientras las autoridades de Singapur iniciaban una investigación paralela por posibles violaciones de su legislación local. En el marco de esa pesquisa, en 2025, Alice Huang fue interrogada y posteriormente liberada sin cargos formales, de acuerdo con lo publicado por el New York Times.
Megaspeed ya había figurado en reportes sobre posibles evasiones del régimen de control de exportaciones. Según informó CNBC en 2025, la compañía estaba siendo examinada por presuntamente facilitar a empresas chinas el acceso a chips restringidos mediante su reventa a través de intermediarios en la región. Esa investigación, que cruza jurisdicciones, permanece abierta.
La posición de Nvidia
Un portavoz de Nvidia explicó a CNBC que Megaspeed es «otro de sus clientes regionales de nube» y que el tipo de contacto que Jensen Huang mantiene con sus directivos es completamente ordinario, dado que el ejecutivo interactúa con miles de clientes al año. «Las interacciones de Jensen con la señora Huang no son inusuales ni inesperadas. Reunirse con clientes forma parte del trabajo de un consejero delegado», precisó la compañía, que añadió que ese tipo de clientes recibe «información comercial ordinaria, no secretos comerciales sensibles de Nvidia», y «ninguna información relevante para la seguridad nacional».
Sobre las acusaciones de desvío, Nvidia fue directa: «Las acusaciones de desvío contra esta nube regional fueron investigadas exhaustivamente y desmentidas el año pasado». El portavoz también señaló que el Gobierno nunca le comunicó las sospechas sobre la ejecutiva: «Confiamos en que, si el Gobierno de Estados Unidos considera que cualquier persona es una amenaza para la industria estadounidense, nos lo haría saber», según recoge el despacho de TechCrunch.
Chips y control de exportaciones: el trasfondo permanente
El episodio emerge en el contexto de una tensión estructural que Nvidia arrastra desde hace dos años. Jensen Huang ha forjado vínculos con la Administración Trump, con presencia en cenas de Estado y foros sobre inteligencia artificial, mientras presionaba para conseguir permisos de exportación de chips de mayor potencia hacia China. El resultado de esas gestiones ha sido parcial: Washington autorizó, con revisión por caso y condiciones de cumplimiento adicionales, la venta del H200, el procesador de la generación Hopper, al mercado chino, con la exigencia de que los compradores implementen procedimientos de control y que el producto sea verificado por terceros independientes en suelo estadounidense, según publicó el Departamento de Comercio. Pekín, sin embargo, bloqueó las importaciones.
Nvidia atribuyó esa decisión a una maniobra proteccionista deliberada del Gobierno chino: «El Gobierno de la República Popular China bloqueó los chips de IA estadounidenses, protegiendo su propia industria y provocando las mayores amortizaciones en la historia de la tecnología de Estados Unidos». La empresa contabilizó el año pasado un cargo de aproximadamente US$4,500 millones asociado a chips de IA diseñados para el mercado chino.
Hasta el momento, ninguna fiscalía ni agencia regulatoria ha formulado cargos formales contra Alice Huang, y las conclusiones que el Times atribuye a las agencias de inteligencia no han sido confirmadas oficialmente; el relato descansa en fuentes anónimas y en las negativas de Nvidia. Lo que sí permanece sin resolver es la tensión de fondo: un cliente extranjero con acceso directo a la cúpula del fabricante de semiconductores de IA más importante del mundo, un marco de control de exportaciones que Washington ajusta según el clima político, y un consejero delegado que debe mantener la confianza de la Casa Blanca mientras defiende su posición en el mercado chino. Las investigaciones del Departamento de Justicia y de las autoridades de Singapur continúan.











