El comercio mundial resiste, por ahora. Según el informe anual de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el volumen del comercio de bienes creció 4.6% el año pasado, pese a los aranceles de Donald Trump, la guerra en Ucrania y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán. El de servicios avanzó 5.3% en el mismo período.
Para Robert Staiger, economista jefe de la OMC, estas son «las perturbaciones más graves y prolongadas desde que se creó el sistema [comercial mundial] hace 80 años». Ese diagnóstico tiene consecuencias directas para economías exportadoras de América Latina y el Caribe, incluida República Dominicana, cuyas zonas francas, exportaciones agrícolas y flujos de inversión dependen de la estabilidad de las reglas multilaterales.
La IA impulsa el crecimiento, pero concentra el beneficio
El crecimiento comercial del año pasado no fue homogéneo. La tecnología vinculada a la inteligencia artificial (IA) representa cerca de una sexta parte del comercio de bienes, pero explica casi la mitad de su crecimiento mundial. Asia domina ese intercambio; África, América Latina, Oriente Medio y gran parte de Europa participan de forma marginal.
El propio Staiger advirtió a la agencia AFP que las fuertes exportaciones relacionadas con la IA «pueden estar ocultando parte de la caída del comercio mundial que, de otro modo, podría estar produciéndose». China siguió siendo el mayor exportador de bienes, mientras Estados Unidos se mantuvo como el mayor importador; la Unión Europea quedó en segundo lugar en ambas categorías.
Los aranceles de Trump reorientan los flujos
Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Trump rompió el principio de igualdad de trato de la OMC al fijar aranceles específicos por país y negociar exenciones y tasas «recíprocas». Como resultado, cerca del 72% de los bienes mundiales se comercia todavía bajo las normas básicas de la organización, frente a aproximadamente 80% en 2022.
El impacto en los flujos bilaterales es visible: las importaciones estadounidenses desde China cayeron cerca de 28% el año pasado, de acuerdo con el Peterson Institute for International Economics, mientras las procedentes del resto del mundo aumentaron casi 10%. Buena parte de ese desplazamiento fue absorbida por Vietnam, Taiwán y México, que suplieron a proveedores chinos.
Para Thomas Sampson, profesor asociado de la London School of Economics, «el mundo ciertamente no se está globalizando más», aunque queda por determinar si la tendencia refleja una desglobalización real o simplemente un cambio de socios comerciales. Desde aproximadamente 2015, el comercio mundial crece al mismo ritmo que la economía global, sin haber entrado aún en retroceso.
El cierre de Ormuz suma presión energética
La guerra con Irán agregó otra variable de riesgo. Desde finales de febrero de 2026, Teherán cerró el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más críticas del planeta. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos desviaron parte del petróleo por oleoductos terrestres, mientras que la producción adicional de Estados Unidos, Kazajistán, Brasil y Venezuela ayudó a compensar millones de barriles faltantes, según la Agencia Internacional de la Energía.
Además, varios países liberaron unos 300 millones de barriles de reservas estratégicas, informó Reuters en agosto. Casi siete meses después del inicio del conflicto, el precio de referencia Brent se ha mantenido por encima de US$100 por barril durante gran parte del período, y algunos analistas alertan sobre una oferta peligrosamente ajustada de cara al otoño e invierno en el hemisferio norte.
La guerra en Ucrania, por su parte, ya había reorientado el comercio energético europeo: la Unión Europea redujo su dependencia del gas ruso desde 37% a finales de 2021 hasta cerca de 10%, según Eurostat, y las importaciones europeas de petróleo y carbón rusos son ya insignificantes. Moscú encontró compradores en China e India, que adquirieron crudo ruso con fuertes descuentos. Camille Reverdy, investigadora asociada del centro Bruegel, duda de que ese comercio se recupere: «Si las alternativas se convierten en fuentes fiables, no veo que vuelva».
Qué está en juego para el sistema multilateral
Los economistas de la OMC estiman que una mayor fragmentación comercial de tinte geopolítico podría reducir el PIB mundial cerca de 5% para 2050. Si la organización desapareciera y solo quedara un mosaico de tratados bilaterales, la caída rozaría 7%, con las economías más pequeñas y pobres como principales perjudicadas. En contraste, reforzar las reglas multilaterales podría elevar el PIB mundial aproximadamente 3%.
Entre las alternativas al sistema actual figuran mantener aranceles país por país, construir una red de acuerdos entre bloques, o que la UE, Japón, Canadá, Australia y México sostengan un comercio basado en reglas similares a las de la OMC en una escala que Washington y Pekín no pudieran ignorar, según propuso el centro de análisis Chatham House. Reverdy señala que la UE preferiría reformar la OMC: «La UE todavía quiere ser vista como líder del comercio libre y multilateral».
Sampson advierte que la «ley de la selva» arancelaria de Trump perjudica especialmente a los países pequeños, que tienen una «voz más fuerte» en el sistema actual. «La confianza en Estados Unidos como socio comercial se ha derrumbado», sostuvo, y recuperarla podría llevar años, incluso bajo una presidencia demócrata. Para República Dominicana y el resto de América Latina, donde el acceso a mercados y la certeza jurídica del comercio son pilares del modelo exportador, la evolución de esa confianza será uno de los indicadores más relevantes a seguir en los próximos meses.









