Las exportaciones en desaceleración y la persistencia de apagones definen el panorama económico de República Dominicana, según un análisis del economista Richard Medina, quien identificó tres frentes de presión: el aumento del arancel estadounidense a productos dominicanos, las restricciones eléctricas motivadas por decisiones financieras de las distribuidoras y una brecha creciente entre el crecimiento macroeconómico agregado y la percepción de bienestar de la población.
La combinación de estos factores frena la circulación de dinero en los sectores que concentran la mayor parte del empleo dominicano —agropecuaria, industria y comercio—, mientras los motores del dato macro (turismo, servicios financieros y remesas) benefician a una franja más estrecha de la economía.
Aranceles y peso fuerte presionan las zonas francas
Medina señaló que el arancel aplicado por Estados Unidos a productos dominicanos subió de 10% a 12.5%, lo que coloca a los exportadores locales en desventaja competitiva frente a otros países de la región. El especialista sugirió que el gobierno debe priorizar gestiones diplomáticas y comerciales para revertir ese incremento y equiparar condiciones con los competidores regionales.
A ese factor externo se suma uno interno: el fortalecimiento del peso dominicano, que encarece los productos nacionales en los mercados internacionales y contribuye, según Medina, al lento crecimiento de las exportaciones de zonas francas. Cuando la moneda local se aprecia, los compradores extranjeros deben pagar más en sus propias divisas por el mismo bien dominicano, lo que reduce la competitividad-precio del sector.
Apagones por decisión financiera, no solo por capacidad
Sobre el sistema eléctrico, Medina explicó que la persistencia de los apagones durante la temporada de verano no obedece únicamente a un déficit de generación, sino a una lógica financiera: ante el aumento de la demanda por las altas temperaturas y el período vacacional, las empresas distribuidoras de electricidad optan por restringir el servicio para evitar los costos asociados a la compra de energía adicional.
El economista indicó que la entrada de nueva capacidad generadora —entre ellas el proyecto en Manzanillo, previsto para finales de 2026 o inicios de 2027— no aliviará esta situación en el corto plazo, por lo que el país continuará enfrentando cortes de manera programada al menos durante los próximos dos veranos.
Brecha entre macro y bolsillo
Medina observó una disparidad entre los indicadores macroeconómicos y la percepción ciudadana. Sectores como el turismo, los servicios financieros y las remesas mantienen un desempeño positivo, pero los sectores que emplean a la mayor parte de la mano de obra dominicana —agropecuaria, industria y comercio— registran tasas de crecimiento reducidas, lo que limita el impacto del crecimiento en el ingreso disponible de la población.
En materia monetaria, Medina advirtió que no se prevé una reducción en las tasas de interés para lo que resta del año, dado que la incertidumbre sobre la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos condiciona el margen de maniobra del Banco Central de República Dominicana (BCRD). Una tasa elevada encarece el crédito para empresas y consumidores locales, lo que presiona aún más los sectores productivos con menor dinamismo. Los próximos datos del IMAE (Índice Mensual de Actividad Económica) y cualquier señal de la Fed sobre el ciclo de tasas serán las variables a observar para calibrar si este escenario de presiones múltiples se suaviza o se profundiza.








