La economía china creció 4.5% interanual entre julio y septiembre de 2026, superando el 4.3% del trimestre anterior, que había sido el nivel más bajo en más de tres años, según la Oficina Nacional de Estadísticas de China. La cifra se situó justo en el límite inferior de la meta oficial de crecimiento anual, fijada en una banda de entre 4.5% y 5.0%.
La economía china creció en buena medida por la demanda externa de semiconductores y equipos para centros de datos, lo que impulsó las exportaciones de tecnología vinculada a la inteligencia artificial. Sin embargo, la debilidad del consumo de los hogares y la prolongada crisis del mercado inmobiliario siguen funcionando como frenos que le impiden alcanzar un ritmo de expansión más equilibrado, con consecuencias directas para las empresas latinoamericanas que exportan materias primas al gigante asiático y para el comercio regional.
Un motor externo que compensa la fragilidad interna
En los primeros nueve meses del año, la economía china se expandió 4.6%. El principal impulso provino de la demanda internacional de productos tecnológicos, en particular semiconductores, equipos para centros de datos y otros componentes utilizados en la infraestructura de inteligencia artificial.
Los economistas describen la situación como una «economía de dos velocidades»: un sector exportador y manufacturero de alta tecnología muy dinámico frente a una demanda doméstica débil y una inversión en retroceso. Esta brecha se ha convertido en uno de los principales desafíos para los responsables de política económica en Pekín.
La inversión se hunde y el ladrillo sigue en crisis
La inversión en activos fijos (que abarca infraestructura, fábricas y vivienda) cayó 7.2% en los primeros nueve meses del año respecto al mismo período de 2025. La inversión inmobiliaria fue aún más pronunciada en su descenso, con una caída de 20.2%, lo que confirma que el sector de la construcción sigue lejos de estabilizarse.
La crisis del mercado inmobiliario chino acumula ya cinco años. Se estima que alrededor del 70% del patrimonio de los hogares chinos está vinculado a la propiedad, por lo que la caída de precios y la escasa actividad en el sector han incentivado el ahorro y contenido el gasto. Aunque las fábricas producen y venden más al exterior, muchos consumidores mantienen una postura cautelosa y las empresas privadas sostienen una inversión contenida.
Un destello de recuperación en el consumo
Hubo un dato que ofrece cierta señal de alivio: las ventas minoristas crecieron 1.1% en septiembre, frente al 0.4% de agosto, su mejor desempeño desde marzo. El repunte sugiere que el consumo podría comenzar a recuperar algo de impulso, pero no compensa todavía la debilidad estructural del mercado inmobiliario ni la caída de la inversión.
El gobierno chino ha señalado que buscará ampliar el consumo doméstico y hacer más efectivas las políticas macroeconómicas para mantener el impulso. El dilema que enfrenta Pekín es sostener el crecimiento mediante exportaciones de alta tecnología mientras intenta reactivar la demanda interna sin depender en exceso de los mercados exteriores. Mientras el sector inmobiliario siga deprimido y los hogares no recuperen confianza, los analistas advierten que la expansión de la segunda economía mundial continuará avanzando de forma desigual, con fortaleza en su frente exportador pero fragilidad estructural hacia adentro.










