China negó este viernes haber espiado a Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, al calificar de «especulaciones infundadas» las acusaciones publicadas por The New York Times sobre una presunta operación de inteligencia que habría tenido al fabricante de chips más valioso del mundo como objetivo.
El desmentido provino directamente del portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, quien en rueda de prensa fue categórico: «El informe en cuestión se basa en especulaciones infundadas y no es más que un intento de difamar a China». Sus declaraciones se produjeron horas después de que The New York Times publicara el jueves 30 de octubre un artículo en el que fuentes anónimas de inteligencia estadounidense afirmaban que una ejecutiva china vinculada a una empresa de centros de datos con sede en Singapur había estado enviando información hacia Pekín.
La empresa señalada y los chips en disputa
Según el diario neoyorquino, la firma en cuestión es Megaspeed, una compañía singapurense de centros de datos sobre la que pesaban sospechas de reenviar chips de Nvidia hacia China, en violación de las restricciones de exportación impuestas por Washington. La ejecutiva identificada es Alice Huang, también conocida como Huang Le, quien, según el reporte, habría entablado una relación cercana con Jensen Huang, sin que ambos tengan vínculo familiar alguno.
Los registros comerciales citados por el Times apuntan a que una empresa vinculada a Megaspeed en Malasia adquirió al menos US$4,800 millones en equipos avanzados de inteligencia artificial con tecnología de Nvidia entre junio de 2024 y febrero de 2026. La cifra ilustra la escala del negocio en torno a los chips de Nvidia en el sudeste asiático, una región que se ha convertido en punto neurálgico del comercio de semiconductores de alta gama.
Nvidia respondió a través de un portavoz, quien declaró a la agencia AFP que Megaspeed era «como cualquier otro cliente regional» y que las interacciones de Jensen Huang con Alice Huang «no son inusuales ni inesperadas». El portavoz añadió que los clientes regionales de servicios en la nube reciben «información comercial ordinaria, no secretos comerciales sensibles de Nvidia, y absolutamente ninguna información relevante para la seguridad nacional». Sobre las acusaciones de contrabando de chips, la empresa aseguró que «fueron investigadas a fondo y desacreditadas el año pasado«.
La agencia AFP, por su parte, reportó que intentó contactar a Megaspeed, pero al llamar al número que figura en su página web, quien atendió dijo no conocer la empresa y que se trataba de una línea residencial.
El trasfondo: la guerra tecnológica entre EE.UU. y China
El caso se enmarca en la disputa más amplia por el liderazgo tecnológico global entre Washington y Pekín. Estados Unidos ha restringido la exportación a China de los chips más avanzados, precisamente los diseñados por Nvidia para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Esas restricciones han colocado a los procesadores de Nvidia en el centro de la competencia geopolítica.
El auge en la construcción de centros de datos impulsados por IA ha convertido a Nvidia en la empresa más valiosa del mundo, lo que eleva el interés estratégico de cualquier actor que quiera acceder a su tecnología. Según el Times, el presidente Donald Trump habría sido informado de las conclusiones de inteligencia hace aproximadamente un año, pero optó por no actuar. Funcionarios estadounidenses señalaron al diario que la estrecha relación de colaboración entre Jensen Huang y Trump ha dificultado los intentos de imponer mayores límites a las ventas de chips en el extranjero.
El gobierno de Trump, en su segundo mandato, ha flexibilizado algunas de las restricciones a la venta de chips de Nvidia a China y autorizó el año pasado la comercialización de una generación anterior de procesadores a cambio de una participación en los ingresos generados. El episodio pone de manifiesto las tensiones entre los intereses comerciales de la industria tecnológica estadounidense y las prioridades de seguridad nacional que buscan mantener la ventaja de EE.UU. en inteligencia artificial, un debate que seguirá bajo escrutinio en el Congreso y en los mercados de valores globales.













