La tasa de inversión de Colombia se sitúa en 16% del PIB, por debajo de Brasil, Perú, México y Chile, y aún sin recuperar los niveles previos a la pandemia, según datos de ANIF. Ante ese déficit, los responsables de JP Morgan, BlackRock y Ashmore en el país diagnosticaron en un foro reciente que Colombia necesita reglas claras para atraer inversión de largo plazo, proyectos bien estructurados y un mercado de capitales más profundo.
El rezago es cuantificable. Para volver a tasas de inversión superiores al 20% del PIB, Colombia requiere proyectos por COP$76 billones, según estimó José Ignacio López, presidente de ANIF. En paralelo, el ahorro bruto del país equivale a apenas 13.8% del PIB en lo que va de 2026 (información al segundo trimestre), frente a 16% en Brasil, 19% en México, 23.1% en Chile y 24.9% en Perú. Esa brecha de ahorro limita la base sobre la que puede construirse la inversión productiva.
La señal más urgente: claridad regulatoria
Angela Hurtado, presidenta de JP Morgan en Colombia, señaló que el problema central no es la carga tributaria en sí misma, sino la incertidumbre sobre cómo se aplican las reglas. «Para un inversionista de largo plazo, muchas veces el problema no es tanto la carga impositiva como la falta de claridad sobre las reglas», afirmó, según recogió Bloomberg Línea.
Hurtado identificó tres tipos de capital que Colombia debe cultivar simultáneamente: inversión extranjera directa, inversión de portafolio y acceso de las empresas locales al mercado de capitales. Cada uno responde a condiciones distintas, aunque todos exigen estabilidad macroeconómica y regulatoria. La ejecutiva advirtió que no debe asumirse que las tasas de interés elevadas benefician automáticamente a la inversión de portafolio: los inversionistas extranjeros tienen más de US$40,000 millones en deuda pública colombiana, y los fondos de pensiones locales mantienen más de COP$75 billones en TES. «Los TES pueden estar ofreciendo tasas del 13%, pero si estas suben al 15%, los inversionistas que ya tienen esos títulos pueden perder dinero», explicó.
Para Hurtado, la meta concreta es clara: pasar de un crecimiento del 2.5% impulsado por el consumo a uno del 6% impulsado por la inversión requiere que el país envíe señales positivas y consistentes a todos los tipos de inversionistas. También insistió en que el mercado de capitales debe ganar protagonismo, dado que el crédito bancario se concentra en proyectos de hasta cinco años y los mercados de capitales pueden movilizar recursos institucionales hacia horizontes más largos.
Infraestructura primero, según BlackRock
Diego Mora, country manager de BlackRock para Colombia, identificó la infraestructura como la prioridad más urgente para dinamizar el mercado de capitales y generar crecimiento. Según el ejecutivo, hay necesidades de financiamiento mediante deuda cercanas a COP$20 billones para los próximos cinco años, considerando proyectos que ya tienen cierto grado de concreción pero aún requieren estructuración o licitación.
Mora subrayó que el apetito inversor existe: «Los inversionistas han demostrado voluntad de invertir. No siento que haya existido una falta de apetito por parte de ellos». El reto, dijo, está en desarrollar los proyectos que canalicen esos recursos. Como referencia de capacidad de ejecución, recordó que las concesiones viales de cuarta y quinta generación acumularon inversiones cercanas a COP$84 billones, y que cada proyecto carretero genera entre 3,000 y 5,000 empleos en las zonas donde se construyen las vías.
El ejecutivo también pidió ampliar la comprensión del mercado de capitales más allá de las acciones y bonos negociados públicamente, incorporando los mercados privados de deuda y participación accionaria. Citó a Brasil como referencia para impulsar la figura de los asesores independientes de inversión y ampliar la base de participantes en el mercado.
Riesgos contractuales alejan el capital
Juan Pablo Fonseca, managing director de Ashmore, advirtió que los obstáculos van más allá de la estructuración de proyectos. Los riesgos contractuales, es decir, la incertidumbre sobre si las obligaciones pactadas se cumplirán, son igualmente determinantes. Mencionó como ejemplos hospitales que prestan servicios pero no reciben los ingresos correspondientes, dificultades en pagos dentro del sector de transmisión de energía (como en el caso de Afinia) y dudas sobre las vigencias futuras y las decisiones sobre peajes en concesiones viales. «Cuando aparecen este tipo de riesgos, el capital puede empezar a alejarse», advirtió.
Fonseca reconoció que el Gobierno ha enviado señales de que busca resolver estos problemas, pero insistió en que la estabilidad contractual es condición necesaria para que los inversionistas comprometan recursos de largo plazo. Ante la limitada capacidad fiscal del Estado, el ejecutivo planteó que la pregunta no es solo si el sector privado puede ejecutar un proyecto más barato, sino si el Estado tiene la capacidad de hacerlo bien. Puso como ejemplo la iniciativa privada para ampliar el aeropuerto de Bogotá, sobre la que, según dijo, se llevan ocho años de discusiones. «Cuando hay alguien dispuesto a invertir US$2,000 millones en infraestructura, lo que deberíamos hacer es determinar si la necesitamos y, si es así, sacar adelante el proyecto», afirmó.
Un mercado de capitales aún poco profundo
Los datos de ANIF dimensionan la distancia que separa a Colombia de sus pares regionales. El crédito interno al sector privado representó 39.6% del PIB colombiano en 2025, frente a 75.9% en Brasil y 103.4% en Chile; entre los miembros de la OCDE el indicador llega a 148.7%. La capitalización bursátil de las empresas nacionales equivale a 22.5% del PIB, frente a 30.2% en Brasil y 79.3% en Chile. Y el país tenía 61 empresas locales listadas en bolsa en 2025, frente a 176 en Perú, 357 en Brasil y 433 en Chile.
En ese contexto, el gobierno del presidente Abelardo De la Espriella tiene previsto realizar, dentro de dos semanas, un evento de promoción en Nueva York para atraer inversionistas. El portafolio incluye proyectos de infraestructura energética, vial, de salud, así como agroindustriales y comerciales. Lo que el mercado vigilará de cerca es si ese evento va acompañado de señales concretas sobre estabilidad regulatoria y contractual, los dos factores que JP Morgan, BlackRock y Ashmore identifican como los verdaderos cuellos de botella para mover el capital hacia Colombia.













