El análisis de genomas de huesos antiguos extraídos de entierros en el Sitio Arqueológico Maya de Copán, en el oeste de Honduras, confirmó en 2025 la existencia de una mezcla genética entre las poblaciones de esa ciudad y las de Teotihuacán, México, según informó el arqueólogo japonés Seiichi Nakamura, quien dirige el proyecto de investigación en ese sitio.
El hallazgo cierra una brecha que la arqueología no había podido cruzar: durante décadas, los investigadores sostenían la influencia de Teotihuacán en Copán con base en objetos materiales, pero carecían de prueba biológica directa. La confirmación genómica añade una dimensión nueva al debate sobre el origen de K’inich Yax K’uk’ Mo’, el primer rey de la dinastía copaneca, cuya llegada a Copán se sitúa el 5 de septiembre del año 426 d.C., hace aproximadamente 1,600 años.
Qué revelan los genomas y la cerámica
«Se ha confirmado que entre las personas de Teotihuacán y de aquí de Copán hay una mezcla de genomas, eso quiere decir que hubo una relación en ese tiempo entre Teotihuacán y Copán», subrayó Nakamura en declaraciones a EFE.
El arqueólogo explicó que, arqueológicamente, siempre se habló de una influencia teotihuacana en la región de Copán, «porque en las tumbas reales de ese tiempo o del tiempo de fundación de la dinastía copaneca, hay bastantes cerámicas tipo teotihuacanos y también obsidianas de origen de México«. La confirmación a nivel de genomas de huesos antiguos no llegó sino hasta 2025, según Nakamura.
Además, en 2024, durante trabajos de investigación en el templo siete de Copán, el equipo de Nakamura descubrió un fragmento de estela que hace referencia a los gobernantes sexto y cuarto de la dinastía. Según esa estela, el sexto gobernante indicaba al cuarto que este era originario de Río Azul, un sitio al norte de Tikal representativo del período clásico temprano. Para Nakamura, se trata de «el nuevo descubrimiento hecho hace un año y medio» y lo califica de «muy significativo».
Un camino de dos vías entre las ciudades
William Fash, arqueólogo estadounidense y profesor de la Universidad de Harvard con más de 50 años de investigación en la cultura maya de Copán, amplió el cuadro durante una conferencia celebrada el pasado 5 de septiembre en ese sitio arqueológico. Fash sostuvo que la relación no era unidireccional: «los mayas tenían una gran presencia en Teotihuacán» como parte de «un camino de dos vías», y que «muchas cosas vinieron del área maya que llegaron a terminar en ofrendas muy importantes en Teotihuacán».
Fash también destacó que el duodécimo rey de Copán, K’ahk’ Uti’ Witz’ K’awiil (conocido como Humo Jaguar), creó un circuito ceremonial en memoria de K’inich Yax K’uk’ Mo’, quien aparece representado en varias estelas del valle de Copán y el grupo principal del sitio. Según el investigador, la evidencia incluye cerámica, arquitectura sagrada, pintura mural en el templo funerario del fundador, escultura arquitectónica y textos que abarcan desde la época del fundador hasta tres siglos después, todos referentes a ritos practicados en ambas ciudades.
El origen del primer rey, aún en debate
El lugar de nacimiento de K’inich Yax K’uk’ Mo’ permanece sin resolver. Algunas hipótesis apuntan a Caracol, sitio arqueológico maya en Belice; otras, al sector de Tikal, en el norte de Guatemala. «Hay varias hipótesis sobre el origen de este personaje que se llama Yax K’uk’ Mo’ y vino a Copán», precisó Nakamura a EFE.
Uno de los hallazgos físicos más relevantes sobre el fundador es el templo Margarita, descubierto entre 1992 y 1993 por el equipo del arqueólogo estadounidense Robert Sharer. Allí se encontraron los restos de K’inich Yax K’uk’ Mo’. La fachada del templo, de estuco policromado, muestra en relieve a un quetzal y una guacamaya con los cuellos entrelazados, que identifican al primer rey. El Sitio Arqueológico Maya de Copán fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980.
Nakamura advierte que el sitio aún guarda hallazgos por debajo de la superficie: considera que en Copán quedan «siglos por delante para seguir investigando, porque aquí está enterrado un tesoro arqueológico infinito muy grande». La conmemoración del 1,600 aniversario de la llegada de K’inich Yax K’uk’ Mo’ reunió a arqueólogos nacionales y extranjeros en el sitio, y se espera que el flujo de visitantes continúe durante lo que resta de 2026 y a lo largo de 2027.








