Los rendimientos de deuda pública a nivel global se dispararon con fuerza tras el simposio de Jackson Hole, con el bono estadounidense a 10 años rozando el 4.8% —60 puntos básicos más que al cierre de 2025— y el bono británico acercándose al 5.3%, 80 puntos básicos por encima del mismo referente.
El alza de los rendimientos implica una caída equivalente en los precios de los bonos, un movimiento que golpea tanto a inversores ya posicionados en renta fija como a gobiernos y empresas que necesiten salir al mercado a financiarse en los próximos meses. La deuda española a 10 años se situó en el 3.82%, casi medio punto porcentual por encima de su nivel de arranque de 2026.
Lo que dijo Warsh y lo que entendió Wall Street
El problema de fondo es un clásico de comunicación de bancos centrales: lo que el nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, quiso transmitir en Jackson Hole y lo que los mercados interpretaron son dos mensajes distintos. Warsh utilizó la metáfora de la «sala de espejos» para alertar de los peligros de una retroalimentación circular entre las señales de la Fed y las expectativas del mercado.
«Si los mercados dependen de forma sustancial de las directrices de la Fed y la Fed depende de los precios del mercado, es más probable que todos estemos cegados ante nuevos acontecimientos», advirtió Warsh en su discurso. Añadió que esa dinámica hace «más probable que nos pillen desprevenidos ante un giro inesperado de los acontecimientos y más probable que cometamos errores en la formulación de políticas».
Lo que Warsh buscaba comunicar, en síntesis, es que la nueva Fed no será tan predecible como la anterior —una ruptura explícita con el forward guidance (la práctica de telegrafiar con antelación los movimientos de política monetaria). Sin embargo, Wall Street tradujo el tono del discurso como una señal de que habrá una subida de tipos en septiembre. Warsh cerró su intervención señalando que la Fed está «comprometida con la disciplina, pero no con la decisión», una frase que deja abierta la puerta a una sorpresa.
Recompras de deuda y el factor geopolítico
Al malestar generado por el mensaje de Jackson Hole se suma el anuncio previo del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de que el Gobierno Trump estaba interviniendo en el mercado de bonos mediante recompras de deuda pública —operaciones destinadas a sostener los precios comprando títulos propios en el mercado secundario. La iniciativa provocó el efecto contrario al buscado: los inversores globales interpretaron la intervención como una señal de vulnerabilidad, no de fortaleza. Stanley Druckenmiller, antiguo jefe de Bessent durante su etapa en los fondos Quantum de George Soros, criticó las operaciones y pidió que se dejara actuar al mercado.
Poco después, Warsh hizo una mención indirecta a la situación para subrayar que no es una buena idea que la Fed se deje guiar por las señales del mercado, reforzando la idea de que la nueva conducción del banco central operará con mayor autonomía y menor telegrafía.
Christian Hantel, gestor de Vontobel, vinculó las ventas masivas de bonos también a factores geopolíticos: «La ola de ventas en los mercados de renta fija mundiales continúa, impulsada por la tensión renovada entre EEUU e Irán y el consiguiente aumento del precio del petróleo», señaló. «Aunque Warsh se mostró muy firme en cuanto a la necesidad de reducir la inflación hasta el objetivo del 2%, también hizo hincapié en la necesidad de seguir trabajando para alcanzar finalmente este objetivo. Por lo tanto, es probable que tengamos que convivir con unos rendimientos más altos durante más tiempo«, añadió.
Elecciones de mitad de mandato y el déficit como telón de fondo
Las tensiones en los mercados de rendimientos de deuda pública se producen a menos de tres meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos (mid-term elections), un evento que históricamente genera volatilidad previa pero termina siendo seguido de ganancias en renta variable. Según Nicolas Bickel, director de inversiones en Edmond de Rothschild, «lo que está en juego en estas elecciones va mucho más allá de la política interna: el resultado determinará no solo la evolución de los aranceles, sino también la del déficit presupuestario, la orientación de la política exterior y la capacidad de Trump para avanzar en su agenda de desregulación».
El análisis de Edmond de Rothschild sobre los mid-terms desde 1970 muestra que, independientemente del resultado, la renta variable ha registrado de forma sistemática rentabilidad positiva en los seis meses posteriores a esas elecciones, con un comportamiento mejor que en años sin comicios intermedios. Sin embargo, los expertos de esa firma advierten que «la situación es menos clara en el caso de los rendimientos de la deuda pública estadounidense a 10 años y del dólar, que históricamente han tendido a descender tras las elecciones de mitad de mandato», ya que «el contexto actual, caracterizado por un deterioro de las finanzas públicas y la llegada de un nuevo presidente de la Reserva Federal, podría prevalecer sobre las tendencias históricas».
El escenario a vigilar en las próximas semanas es si la Fed opta por sorprender en su próxima reunión de septiembre —ya sea actuando o absteniéndose— en un entorno donde el mercado de bonos ya ha incorporado una expectativa de subida que Warsh, deliberadamente, se negó a confirmar.










