La disputa comercial Canadá-EE.UU. escaló esta semana con un elemento inesperado en el centro del conflicto: las leyes que protegen el idioma francés. El primer ministro canadiense Mark Carney retiró a su país de las negociaciones tras afirmar que el acuerdo propuesto por Washington incluía «amenazas a la lengua y la cultura francesas», lo que desencadenó la imposición de aranceles del 50% sobre productos canadienses por un valor aproximado de US$20,000 millones.
La ruptura convierte las normas lingüísticas canadienses —consideradas por Ottawa una línea roja— en un nuevo frente de tensión entre dos aliados históricos, con consecuencias directas para el comercio bilateral y para cualquier empresa que exporte o importe entre ambas naciones. Desde República Dominicana, el agravamiento de esta disputa entre dos de los mayores socios comerciales del continente puede presionar las cadenas de suministro regionales y acentuar la incertidumbre en los mercados de bienes y materias primas.
El francés como eje de la ruptura
Canadá es un país bilingüe con leyes que garantizan el inglés y el francés como idiomas oficiales. El francés es la lengua materna de aproximadamente una quinta parte de la población total del país y de casi el 85% de los habitantes de Quebec, la provincia predominantemente francófona. En la práctica, esas leyes obligan a que las etiquetas de productos aparezcan en ambos idiomas y exigen que las plataformas de streaming estadounidenses promuevan contenido canadiense —incluido el contenido indígena y francocanadiense— ante el público al norte de la frontera.
El lunes, Carney declaró ante periodistas que su Gobierno «no concederá (a Estados Unidos) lo que han pedido», refiriéndose a las disposiciones del acuerdo fallido que habrían reducido esas protecciones. En una conferencia de prensa celebrada en Lévis, Quebec, el primer ministro habló en francés y fue enfático: «Para los estadounidenses, el idioma francés, la cultura francófona y la cultura canadiense son elementos irritantes. Aquí en Quebec, aquí en Canadá, estos son derechos». Sus palabras fueron recibidas con aplausos de los periodistas presentes.
La respuesta de Washington y los aranceles
La reacción del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, fue contundente: calificó las preocupaciones de Ottawa sobre el francés como una «historia falsa y ridícula». Carney rechazó esa caracterización y subrayó que existe una «enorme brecha entre nuestra perspectiva y la de Estados Unidos».
El presidente Donald Trump no se pronunció directamente sobre el tema lingüístico, pero el lunes utilizó su plataforma Truth Social para atacar a Canadá, calificando al país de «arrogante» y de ser «una de las peores naciones del mundo con las que tratar». Desde que las negociaciones se estancaron el viernes, Washington aplicó aranceles del 50% a productos canadienses valorados en aproximadamente US$20,000 millones.
Antecedentes y contexto
Washington ha considerado durante mucho tiempo los requisitos lingüísticos canadienses como barreras comerciales no arancelarias. Sin embargo, para Ottawa y en especial para el electorado de Quebec —provincia con enorme peso político en el Parlamento canadiense—, ceder en esas protecciones equivaldría a comprometer una parte esencial de la identidad nacional. Carney recibió un amplio respaldo ciudadano por su decisión de retirarse del acuerdo, lo que refuerza su posición política de cara a cualquier futura ronda de negociaciones.
La disputa comercial Canadá-EE.UU. se suma a un entorno ya tenso en materia de aranceles globales. Los mercados seguirán de cerca si Washington y Ottawa retoman las negociaciones, cuándo podrían hacerlo y si el tema lingüístico —ahora convertido en asunto de soberanía cultural para Canadá— puede separarse de los compromisos comerciales de fondo que ambos países buscan resolver.









