La flota fantasma rusa protagoniza un nuevo incidente de alto impacto ambiental: el petrolero Caroline Bezengi, encallado desde finales de junio frente a la isla al-Qibliyyah, en la costa sur de Omán, ha derramado petróleo crudo sobre una superficie que creció de 20 kilómetros cuadrados el 24 de julio a 600 kilómetros cuadrados el 4 de agosto, según análisis de imágenes satelitales realizado por Greenpeace.
La mancha se expande junto a la reserva marina de las islas al-Hallaniyat, archipiélago que Omán declaró área protegida el año pasado por su elevada biodiversidad. El ecosistema alberga arrecifes de coral, praderas marinas, tortugas marinas en peligro de extinción que anidan en sus playas, aves migratorias y la rara ballena jorobada del Mar Arábigo. Para las comunidades pesqueras de la región, una catástrofe de mayor escala comprometería tanto el ecosistema como su sustento económico.
El Caroline Bezengi había cargado un millón de barriles de petróleo crudo el 11 de mayo en la terminal rusa de Sheskharis, sobre el Mar Negro, de acuerdo con datos de la firma especializada Kpler. El buque aún transportaba esa carga cuando emitió su última señal de localización un mes después. El 11 de junio transmitió su último mensaje de radio mientras navegaba frente a la costa de Yemen, y desde entonces apagó su transmisor AIS —el sistema de identificación y localización de embarcaciones—, maniobra habitual entre los petroleros de la llamada flota fantasma para eludir el monitoreo internacional.
La empresa de seguridad marítima Vanguard Tech informó a AFP que el 6 de junio tres explosiones sacudieron la embarcación e inundaron varios compartimentos, entre ellos la sala de bombas y el sistema de gobierno. Tanto el motor principal como el sistema de dirección quedaron fuera de servicio. La compañía no precisó la causa de las explosiones ni si el buque fue objeto de un ataque. Las imágenes del programa europeo Copernicus sitúan el encallamiento entre el 18 y el 23 de junio frente a al-Qibliyyah, donde el barco continúa varado en una zona de difícil acceso.
«Con el petróleo aparentemente todavía en fuga y el buque encallado en un lugar de difícil acceso, el riesgo de un desastre ambiental aún mayor sigue siendo grave», declaró a AFP Nina Noelle, integrante de Greenpeace. La especialista advirtió que las consecuencias podrían ser «graves y duraderas» para el ecosistema, y subrayó que «incluso derrames de petróleo relativamente pequeños pueden permanecer durante años en los sedimentos marinos y comprometer la resiliencia ecológica de este ecosistema marino protegido».
Wim Zwijnenburg, investigador ambiental de la organización neerlandesa PAX, coincidió con esa estimación y describió el escenario más crítico: «Una ruptura completa del buque puede provocar una catástrofe ambiental regional, que afecte tanto la vida de las comunidades pesqueras de Omán como la biodiversidad marina y de las islas». Zwijnenburg también reclamó acción inmediata: «La intervención oportuna y el rescate del petrolero son esenciales para evitar un escenario peor».
El Caroline Bezengi fue sancionado por el Reino Unido en febrero por su presunta participación en el transporte de petróleo ruso. El incidente refleja un patrón más amplio: desde la invasión de Ucrania en 2022, Rusia ha recurrido a una red de petroleros antiguos con estructuras societarias opacas para sostener sus exportaciones de crudo pese a las restricciones occidentales. «Las sanciones están siendo eludidas mediante petroleros antiguos y con mantenimiento deficiente, lo que pone en riesgo las costas y los ecosistemas marinos», señaló Noelle.
La Organización Marítima Internacional (OMI) indicó a AFP que «actualmente ofrece asistencia a Omán», sin precisar el alcance de las operaciones en curso. Las autoridades omaníes no respondieron a las solicitudes de comentarios. El reloj corre: mientras el buque permanezca encallado con su carga de un millón de barriles y sin una intervención que contenga la fuga, el riesgo de que el casco ceda y desate un derrame de escala regional seguirá siendo el escenario que los expertos temen con mayor urgencia.








