Las maniobras Han Kuang, los mayores ejercicios militares anuales de Taiwán, arrancaron este miércoles con prácticas de fuego real, despliegue de reservistas y simulacros de resiliencia urbana para civiles, y se extenderán hasta el 14 de agosto, en respuesta a la creciente presión militar del régimen chino sobre la isla.
Las maniobras adquieren particular relevancia porque Beijing considera a Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para lograr su incorporación. En los últimos años, el Ejército chino ha intensificado el despliegue de aviones de combate y buques de guerra alrededor de la isla, así como operaciones de la guardia costera en la denominada «zona gris»: acciones de presión que no alcanzan el nivel de un conflicto armado abierto, pero que erosionan la estabilidad en el estrecho.
Durante la primera jornada, decenas de reservistas se desplegaron en una playa frente al estrecho de Taiwán y realizaron prácticas de tiro con fusiles de asalto fabricados en la isla. El ejercicio recreó la defensa de un sector costero identificado como uno de los posibles puntos de desembarco de fuerzas chinas ante una hipotética invasión. Un alto funcionario de Defensa, que habló bajo condición de anonimato con la agencia AFP, explicó el objetivo central: «En los últimos años, hemos insistido constantemente en que el ejercicio Han Kuang debe asemejarse lo más posible a escenarios de combate reales, para que, incluso sin experimentar la guerra directamente, nuestras unidades puedan poner a prueba sus capacidades operativas reales».
Una de las principales novedades de esta edición es la descentralización del mando y control. Las autoridades militares buscan que los comandantes desplegados sobre el terreno adopten decisiones operativas sin depender de instrucciones de la cadena superior de mando, con el fin de acelerar la respuesta ante situaciones de combate. El programa también incorpora operaciones de «cadena de ataque» mediante el uso coordinado de drones: según el mismo funcionario de Defensa, el esquema contempla «drones de reconocimiento y drones de ataque que operan conjuntamente con otros medios de ataque».
Ese enfoque responde a la política de guerra asimétrica que Taiwán impulsa desde hace varios años, que prioriza la adquisición de sistemas de menor tamaño y mayor movilidad —entre ellos drones— para compensar la superioridad numérica y material del Ejército chino.
En paralelo a las operaciones militares, el Gobierno organizó simulacros de resiliencia urbana. Como parte de los ejercicios de ataque aéreo, la velocidad de internet móvil se reducirá durante treinta minutos en varias regiones del centro y norte de la isla, con el propósito de exponer a los ciudadanos a posibles interrupciones de las comunicaciones. Las maniobras también contemplan el despliegue conjunto de la Armada y la Guardia Costera para escoltar suministros esenciales durante una simulación de bloqueo marítimo chino al este de Taiwán, además de pruebas sobre la capacidad de fábricas movilizadas para mantener la producción en tiempo de conflicto.
El presidente Lai Ching-te declaró el martes, durante un foro de seguridad, que el fortalecimiento de la defensa es una prioridad. «A medida que el autoritarismo del PCCh continúa expandiéndose, el terror rojo también se está extendiendo a todos los rincones del mundo», señaló, y agregó que su Gobierno «seguirá mejorando la defensa nacional y construyendo una defensa y resiliencia que involucre a toda la sociedad».
La política de defensa también domina el debate presupuestario interno. Bajo presión de Estados Unidos para elevar el gasto militar, el Gobierno de Lai se comprometió a incrementar el presupuesto de defensa hasta el equivalente al 5% del producto interno bruto (PIB) para 2030. Sin embargo, en mayo, la oposición —el Kuomintang (KMT) y el Partido Popular de Taiwán, que controlan el Parlamento— aprobó un presupuesto especial de defensa de US$25,000 millones, cifra que representó un recorte de aproximadamente un tercio respecto al proyecto presentado por el gobernante Partido Democrático Progresista. El ajuste afectó, entre otros rubros, los recursos destinados a la producción nacional de drones. Los legisladores continúan analizando nuevas iniciativas para financiar inversiones en sistemas aéreos no tripulados.
El ministro de Defensa, Wellington Koo, subrayó que las fuerzas armadas continuarán perfeccionando su preparación. «El entrenamiento siempre se puede mejorar. Por lo tanto, continuaremos entrenando con diligencia e intensidad, para estar plenamente preparados en tiempos de paz y ser capaces de llevar a cabo nuestras misiones en tiempos de guerra», afirmó. La próxima referencia a seguir será la conclusión de las maniobras el 14 de agosto y el balance oficial de resultados, que determinará los ajustes en la estrategia de defensa de la isla de cara a 2027.









