Estados Unidos firmó este viernes un acuerdo sobre Groenlandia con el Reino de Dinamarca y el gobierno de Groenlandia que le otorga a Washington control permanente sobre la seguridad del territorio ártico, sin costo directo para el Tesoro estadounidense, según anunció el presidente Donald Trump en su plataforma TruthSocial.
El pacto tiene consecuencias geopolíticas de largo alcance: a partir de ahora, ningún adversario de EE.UU. podrá establecer una base militar, tener presencia armada o realizar inversiones sensibles en Groenlandia sin aprobación escrita previa de Washington. Para los mercados globales de energía, defensa y materias primas estratégicas, el acuerdo redefine quién ejerce influencia sobre una de las rutas árticas de mayor importancia comercial y militar del mundo.
Un acuerdo «de vida infinita»
Trump describió el pacto como un acuerdo de «vida infinita» («Infinite Life Agreement»), enfatizando que no tiene fecha de vencimiento. «Durante más de 100 años, los presidentes han conocido la importancia estratégica de Groenlandia, pero ninguno de ellos pudo hacer nada al respecto», escribió Trump en TruthSocial. El mandatario señaló que el proceso fue dirigido por él directamente y que representantes de Dinamarca y Groenlandia participaron en las negociaciones para garantizar que EE.UU. «tendrá para siempre la capacidad completa de hacer lo necesario en Groenlandia para asegurar y defender su seguridad y la de Estados Unidos».
Como primer paso de implementación, Trump indicó que se iniciará de inmediato el proceso de desarrollo de una gran presencia militar en Groenlandia, en zonas que, según dijo, son varias y apropiadas para ese fin. El mandatario añadió que se trabajará con la población local en el diseño y construcción de esas instalaciones.
Implicaciones estratégicas y económicas
Groenlandia concentra reservas significativas de minerales de tierras raras, recursos pesqueros y es paso obligado de rutas marítimas que se expanden con el deshielo del Ártico. El control de su seguridad por parte de EE.UU. desplaza potencialmente la influencia de China y Rusia en la región, dos actores que han incrementado su presencia económica y militar en el Ártico en la última década.
Para economías emergentes como la de República Dominicana y el resto de América Latina, el reordenamiento geopolítico ártico puede traducirse en cambios en cadenas de suministro de minerales críticos, precios de fletes por nuevas rutas comerciales y reconfiguración de alianzas de inversión en infraestructura global.
Trump calificó el resultado como «una solución extraordinaria para Estados Unidos, Dinamarca, Groenlandia y todos nuestros aliados». No divulgó los términos específicos del acuerdo ni si Groenlandia obtiene contrapartidas económicas o políticas formales a cambio.
Los mercados y cancillerías observarán en las próximas semanas cómo reaccionan la Unión Europea, la OTAN y potencias como China y Rusia ante un acuerdo que, de ratificarse en los términos descritos por Trump, alteraría el equilibrio de poder en el Ártico de forma definitiva.







