Muchas organizaciones no colapsan por falta de talento.
Colapsan por acumulación de improvisaciones.
La improvisación suele confundirse con agilidad. La capacidad de resolver problemas rápidamente o tomar decisiones sobre la marcha suele percibirse como una fortaleza y, hasta cierto punto, lo es. En República Dominicana y otros países de América Latina, donde históricamente las personas y las empresas han debido adaptarse a limitaciones, cambios e incertidumbre, la capacidad de encontrar soluciones con los recursos disponibles y responder rápidamente a situaciones imprevistas de manera altamente centralizada, dependiendo excesivamente de la experiencia, intuición o disponibilidad de una sola persona, ha constituido una ventaja competitiva.
El problema aparece cuando se opera permanentemente desde la urgencia y la excepción se convierte en sistema.
Una decisión tomada “solo por esta vez”, sin suficiente estructura, análisis o trazabilidad.
Un proceso que nunca se documentó.
Un contrato revisado después.
Una política que existe verbalmente, pero no institucionalmente.
Muchas de las crisis corporativas más costosas no comienzan con grandes fraudes ni litigios complejos. Comienzan con decisiones tomadas sin documentación adecuada, contratos ambiguos, manejo informal de información sensible o ausencia de protocolos internos para responder bajo presión.
Y ese costo rara vez se manifiesta de inmediato. Con el tiempo, la falta de institucionalidad comienza a generar vulnerabilidades operativas, legales y reputacionales: disputas societarias, auditorías, incumplimientos regulatorios, conflictos contractuales o crisis reputacionales.
En muchos casos, el problema es tanto la existencia del error, como la incapacidad de demostrar que la organización actuó diligentemente.
La ausencia de procesos claros retrasa decisiones importantes. La falta de asesoría adecuada aumenta exposición regulatoria y contractual. Y la informalidad termina debilitando algo mucho más valioso que la eficiencia: la confianza.
Las organizaciones más admiradas del mundo parecen haber entendido esta realidad hace tiempo. El ranking World’s Most Admired Companies de Fortune evalúa aspectos como la calidad de la gestión, el uso eficiente de los activos corporativos y la capacidad de generar valor a largo plazo. No es casualidad que empresas como Apple, Microsoft o JPMorgan figuren consistentemente entre las mejor valoradas. Detrás de su éxito existe una infraestructura organizacional basada en procesos, gobernanza y ejecución disciplinada[1].
La evidencia internacional apunta en la misma dirección. Los Principios de Gobierno Corporativo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), considerados el principal referente internacional en la materia, señalan que una buena gobernanza contribuye a mejorar el acceso de las empresas al financiamiento, fortalece la confianza de los inversionistas mediante mayores niveles de transparencia y rendición de cuentas, y favorece la sostenibilidad y resiliencia de las organizaciones[2].
La gobernanza no es burocracia. Es una herramienta para tomar mejores decisiones, gestionar riesgos y responder con consistencia en momentos de presión.
Más de la autora: El Valor Invisible
Por eso, las organizaciones más sólidas no son necesariamente las que enfrentan menos problemas, sino las que desarrollan capacidad institucional para manejarlos de manera eficiente. Las que logran construir sistemas que no dependen de heroicidades individuales para funcionar.
Consejos de dirección funcionales, estructuras de gobierno corporativo, asesoría legal integrada al negocio, protocolos internos y capacidad de anticipación suelen percibirse como costos mientras todo marcha bien. Sin embargo, en realidad, son mecanismos de protección y sostenibilidad.
Una vez ganada la confianza, la empresa solo podrá conservarla y crecer sobre la base de decisiones coherentes y planificadas. De poco sirve construirla durante años si luego se pone en riesgo mediante decisiones tomadas desde el repentismo permanente.
La institucionalidad y la gobernanza no eliminan los errores. Sin embargo, si reducen significativamente el costo de cometerlos.
A largo plazo, las empresas más resilientes no son las que improvisan mejor. Son las que se preparan antes.
[1] Fortune Media IP Limited, World’s Most Admired Companies, disponible en: https://fortune.com/ranking/worlds-most-admired-companies/
[2] Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD), G20/OECD Principles of Corporate Governance 2023, OECD Publishing, París, 2023, https://doi.org/10.1787/ed750b30-en.








