El Banco de Inglaterra ha decidido mantener las tasas de interés en 3.75%, priorizando el apoyo a la economía real frente a la inflación temporal por encima del objetivo.
El gobernador Andrew Bailey justificó la medida ante la debilidad económica y la incertidumbre derivada del conflicto en Irán. Aunque la inflación supera el 2%, se considera tolerable mientras no surjan efectos de segunda ronda.
Las condiciones financieras ya se han endurecido por el aumento en los costos de hipotecas y bonos, descartando recortes previstos y proyectando un posible aumento al 4%.








