El distrito industrial Haina–Nigua vuelve a colocarse en el centro del mapa productivo dominicano, con cifras de empleo, ventas y exportaciones que lo perfilan como un eje logístico del país.
Cuando se habla de competitividad en República Dominicana, la conversación suele moverse entre turismo, remesas y zonas francas. Pero el ecosistema industrial de Haina–Nigua —por escala y concentración empresarial— funciona como una pieza silenciosa y determinante. Esa es la tesis que destaca la Asociación de Industrias y Empresas de Haina y Región Sur (AIEHaina y Sur), que esta semana juramentó a Juan Tomás Díaz como su nuevo presidente para el período 2026-2028, en un acto encabezado por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón.
Una radiografía con números grandes
En la presentación del estudio actualizado de AIEHaina, titulado “Una apuesta al futuro nacional”, se describe al Distrito Industrial Haina–Nigua como el principal centro productivo y logístico del país. Según el informe, el enclave:
- Genera más de 56,000 empleos formales.
- Concentra más de 3,000 contribuyentes activos.
- Representa el 64% de la base empresarial de la provincia San Cristóbal.
- Registra una masa salarial superior a RD$1,900 millones mensuales.
- Alcanza ventas cercanas a RD$250,000 millones.
- Aporta un valor agregado aproximado de RD$67,000 millones.
- Supera los RD$60,000 millones en exportaciones.
- Proyecta inversiones por más de US$500 millones para los próximos dos años.
En un país donde el debate público tiende a medir el crecimiento por el consumo, estos datos importan por una razón concreta: revelan la capacidad de un territorio de convertir infraestructura, logística y coordinación público-privada en productividad. Dicho de otro modo: Haina–Nigua no solo produce; también conecta la producción con el comercio.
Qué significa para la economía dominicana
Eduardo Sanz Lovatón subrayó que el desarrollo industrial sigue siendo uno de los pilares del crecimiento sostenible, y puso a Haina como ejemplo de articulación público-privada que se traduce en empleos, exportaciones y competitividad. En la práctica, el mensaje es que los clusters industriales siguen siendo un “atajo” hacia tres objetivos que el país persigue a la vez: formalización, divisas y mayor productividad.
Desde la presidencia de AIEHaina y Sur, Juan Tomás Díaz planteó una agenda de continuidad y expansión. Entre las metas citadas, mencionó el reto de construir el primer cuerpo de bomberos industrial del país, una iniciativa que, aunque suena operativa, suele ser clave para atraer inversiones de manufactura, química y logística: seguridad industrial y capacidad de respuesta reducen riesgos y, por tanto, costo de capital.
Los retos que quedan sobre la mesa
La directiva entrante también reconoció desafíos recurrentes: infraestructura logística y ordenamiento territorial. En un distrito de alta densidad industrial, cada cuello de botella (accesos viales, tiempos portuarios, conectividad) se convierte en costo para las empresas y, finalmente, en un freno a la competitividad país.
La relevancia del estudio de AIEHaina está en que pone cifras concretas a una intuición compartida: si República Dominicana quiere sostener el crecimiento en un entorno global más competitivo, necesita proteger y potenciar sus motores industriales, con reglas claras, servicios públicos eficientes y planificación urbana a la altura de su peso económico.







