DIARIO FINANCIERO.- El FMI advierte que la guerra en Irán está sacudiendo los precios del petróleo, los alimentos y las cadenas de suministro globales de forma asimétrica, con mayor impacto sobre los países de menores ingresos y los importadores netos de energía.
El petróleo rompió los US$100 y el mundo ajusta sus cuentas
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero con una operación conjunta de Estados Unidos e Israel, entra en su quinta semana con las negociaciones bloqueadas y sin señales de tregua. El resultado más inmediato se siente en los mercados energéticos: el barril de petróleo WTI superó los US$102.88, un alza de 3.25% en la jornada, mientras el Brent escaló a US$112.78. En términos acumulados, el Texas ha subido 46% en un mes, una sacudida que no se veía desde los peores episodios de la crisis de 2022. El presidente Donald Trump recrudeció la presión al amenazar con destruir los pozos petroleros iraníes si Teherán no reabre el estrecho de Ormuz, por donde transita el 25% del petróleo y 20% del gas natural mundiales.
Ormuz cerrado: más que petróleo, también fertilizantes y semiconductores
El FMI identifica tres vías principales por las que el conflicto se propaga a la economía global: precios de energía, cadenas de suministro y mercados financieros. La perturbación del estrecho es catalogada como la mayor del mercado petrolero mundial en años recientes. Pero el impacto va más allá del crudo: por esa ruta también circula un tercio de los fertilizantes mundiales, insumo clave para la producción de alimentos en economías emergentes como la dominicana. A eso se suma la escasez de helio, mineral esencial para la fabricación de semiconductores, cuya cadena de suministro también pasa por la región. Wall Street cerró mixto ante las tensiones: el Dow Jones subió 0.11% a 45,216 puntos, mientras el S&P 500 cayó 0.39% a 6,343 y el Nasdaq retrocedió 0.73% a 20,794.
Los más pobres, los más vulnerables
El Fondo advierte que el choque es «global, aunque asimétrico». Los importadores netos de energía y los países de menores ingresos cargan con el mayor peso. Un dato lo ilustra con claridad: en economías de bajos ingresos, el gasto en alimentos representa el 36% del consumo de los hogares, frente al 20% en emergentes y apenas el 9% en países avanzados. Eso significa que cualquier alza en los precios de granos, aceites o proteínas impacta de forma desproporcionada a las familias de menor poder adquisitivo. La República Dominicana, que importa una porción significativa de sus combustibles y alimentos, no está ajena a esta dinámica. El FMI presentará su informe de Perspectivas de la Economía Mundial el 14 de abril en Washington, donde se espera una revisión a la baja del crecimiento global.
Para el empresario y el consumidor dominicano, la señal es clara: los precios del combustible y los alimentos pueden continuar elevados en las próximas semanas si el conflicto no cede. Las empresas con alta dependencia de logística internacional o de insumos importados deben revisar sus coberturas de costos y anticipar escenarios de mayor volatilidad. A nivel personal, este es un momento para priorizar el ahorro y reducir exposición a deudas en moneda extranjera. La guerra en Irán no es un titular lejano; es un factor de precio que ya está en los mercados que abastecen a la isla.
















