Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal (Fed), describió la inteligencia artificial como un «nuevo factor de producción» que puede alterar las reglas del crecimiento económico y la política monetaria, en su debut como orador en el foro de Jackson Hole. El banquero central evitó comprometerse sobre el rumbo de las tasas de interés o el mercado de deuda, pero mantuvo su advertencia habitual sobre la inflación.
La declaración adquiere relevancia para economías emergentes como la dominicana porque los ciclos de política monetaria de la Fed condicionan directamente el costo del financiamiento externo, el ritmo de las remesas y el comportamiento del tipo de cambio. Si la IA transforma los parámetros con los que la Fed evalúa la economía, los ajustes de tasas futuros también serán distintos.
La IA reescribe los supuestos del crecimiento
«Reconocemos que la IA es una nueva variable, potencialmente un nuevo factor de producción, que tendrá consecuencias tanto para la economía como para la dirección de la política monetaria», afirmó Warsh durante el foro, al que asisten banqueros centrales y economistas de todo el mundo.
El presidente de la Fed señaló que «el progreso en inteligencia artificial ha sido más rápido incluso de lo que sus evangelistas predijeron hace un par de años». La aceleración tecnológica coincide, según Warsh, con una oleada de inversión sin precedentes en infraestructura digital, encabezada por empresas como Nvidia, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y Oracle.
Warsh situó este momento como un quiebre histórico con el paradigma anterior: antes de la crisis financiera global, economistas y responsables de política hablaban de «estancamiento secular» y de un excedente global de ahorro que no encontraba destino productivo. «Hemos llegado a un punto de inflexión en la historia», dijo. A su juicio, ese diagnóstico ya no aplica.
La magnitud del fenómeno se mide también en ingresos. Según datos citados por Warsh, las ventas anuales de tokens —unidades de acceso a los modelos de IA— de los dos laboratorios líderes del sector superan los US$100,000 millones, lo que representa un incremento superior al 500% frente al año anterior.
Inversión récord y señales en el S&P 500
El primer efecto observable para la Fed es el repunte de la inversión empresarial. Warsh reveló que el crecimiento de la inversión en equipos y activos intangibles ronda el 9%, su ritmo más elevado desde 2021. «Más de la mitad del crecimiento del capex (gasto de capital) de este año puede atribuirse probablemente al despliegue relacionado con la IA«, aseguró.
La inversión no se concentra solo en el desarrollo de modelos. La tecnología está generando demanda creciente de centros de datos, semiconductores, energía y capacidad de cómputo, lo que moviliza volúmenes masivos de capital en toda la cadena.
A nivel de resultados corporativos, Warsh destacó que los beneficios de las empresas del S&P 500 han aumentado más de un 20% en el último año y que los márgenes se sitúan por encima de su promedio histórico. Describió además la posibilidad de que esté emergiendo una dinámica equiparable a una «hiper-ley de Moore» —en referencia al principio que describe la duplicación periódica de la capacidad de procesamiento—, con las leyes de escalado acelerando tanto el método como la velocidad de innovación.
Interrogantes sin respuesta y un banco central más cauteloso
Warsh fue explícito sobre las preguntas que la Fed aún no puede responder: «¿La aplicación de la IA provocará un aumento significativo y sostenido de la productividad en toda la economía? ¿Y, si es así, cuándo?». Tampoco está claro el impacto en el mercado laboral: «¿El uso de tokens será complementario o competitivo con el trabajo?».
Sobre el destino del capital, el banquero dejó abiertas otras incógnitas: «¿La próxima generación de modelos de IA exigirá una intensidad de capital aún mayor, o serán los propios modelos los que ayuden a diseñar una solución con menos capital?». Y añadió: «No está claro dónde acabarán los rendimientos del capital ni en qué plazo».
En las primeras etapas de la transición, Warsh indicó que la cuestión clave es determinar qué fracción del excedente económico corresponde a los propietarios de activos escasos: laboratorios de IA, fabricantes de chips, productores de energía y proveedores de servicios en la nube.
El rector de la Fed justificó la reflexión institucional: «Creo que para los futuros desafíos de política monetaria, esta inversión intelectual de hoy nos dejará mucho mejor preparados». Con la inflación aún por encima del objetivo, los mercados seguirán de cerca cualquier señal de Warsh sobre el momento en que la Fed considere que la inteligencia artificial como factor de producción ya es suficientemente medible para influir en sus decisiones de tasas.









